Ética para el consenso


Dejo un artículo publicado hace unas semanas por el Director de la Revista en el blog de Generación Equipu.

El presidente Alan García reunió el 20 de marzo a los alcaldes y empresarios inmobiliarios, a pedido de éstos últimos que reclaman más ventajas para invertir. Las constructoras se quejaban de las trabas impuestas por los municipios y los alcaldes argumentaban la falta de estudio medio ambiental y el cumplimiento de las mínimas seguridades. Mientras tanto el Colegio de Arquitectos pide que se realicen concursos para la ejecución de proyectos públicos y se supere por fin, el estilo de arquitectura boutique que se ha impuesto en un contexto en el que el Ejecutivo pugna por invertir en 60 obras de envergadura sin ninguna fiscalización. La crisis se vuelve pretexto para echar mano sobre el erario público con toda impunidad. Antes fue el terremoto en Ica.

El territorio está dispuesto como una gran torta, y quienes más cuentan: sus habitantes, no tienen parte y desconocen los proyectos que los envolverá.

Una constructora en San Isidro protestaba porque había comprado 10 terrenos para construir edificios de 20 pisos, pero el alcalde los obligaba a reducir “la altura”, lo cual afectaría la rentabilidad de su negocio. Los argumentos de bloqueo de luz, carencia de tuberías o agua para la dimensión proyectada no les merecía mayor preocupación.

En esa reunión no se habló de las facilidades otorgadas a los inversores inmobiliarios por el Alcalde Luis Castañeda al declarar “zona residencial” circuitos importantes de la mayoría de distritos donde las familias están convirtiendo sus viviendas en negocios para defenderse de la crisis.

El alcalde de Comas ofreció sus espacios a la vera del río Chillón sin lograr el mínimo interés empresarial. Al invocar el apoyo del presidente, recibió como respuesta: “¿me está pidiendo un bus para llevar a los empresarios?”.

¿En qué momento se impondrán las necesidades del país? El debate tiene el objetivo de crear consenso. Como estudiantes queremos ver a quienes nos enseñan aplicar en sus proyectos lo que piden en clases: mirar los diseños desde una visión económica, sí, pero también integrando lo social, lo estético y lo ambiental en los proyectos. El arquitecto debe recuperar el valor de su palabra. Sobre sus espaldas cae irreversible el estado urbano de nuestra ciudad, pues hasta la indiferencia tiene su costo como profesional.

Invocamos a una educación en ética, en todas las esferas para romper con viejas estructuras que nos han dañado como comunidad. Ética para lograr el consenso en los proyectos públicos y privados. Ética hasta en lo cotidiano para distinguirnos como profesionales, llenando de reconocimiento una sociedad carente de ello.

Fuente: Generación Equipu

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