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CENTRO COMUNAL FLOTANTE – PUCALLPA - Proyecto de Fin de Carrera


Arturo Fernando Gutiérrez Rojas

Existe una comunidad que habita sobre el río Ucayali, frente al puerto de Pucallpa. Se compone de ochenta casas-balsa flotantes.


En el agua todo se desenvuelve en el ámbito de la casa unifamiliar. Tanto lo privado como lo público transcurren en el espacio interior de la casa. El único espacio exterior disponible son las embarcaciones que se estacionan alrededor de las casas, lugar donde los niños juegan creando mundos imaginarios increíbles por la sinuosidad del entorno.

El problema principal de la comunidad es la inexistencia de servicios públicos y lugares de encuentro. Los niños viven en medio de serias limitaciones para su desarrollo.

El proyecto que propongo para atender esta problemática consiste en un Centro Comunal Flotante con los siguientes propósitos y características:

-    En primer lugar, que saque de las casas una parte de la función pública que ellas acogen y traslade esta función al espacio común del centro comunal.

-    Mediante la combinación de usos (públicos, comerciales, educativos), se incrementa la capacidad de generar relaciones entre los habitantes de la comunidad flotante. El centro comunal como lugar de encuentro genera sinergias entre las personas.


-    Un segundo programa que el edificio acoge es el de guardería. Esta da cabida a un máximo de noventa niños. Posee cuatro aulas, una ludoteca, sala de profesores y una enfermería, importante en este lugar donde las infecciones abundan.


-    El piso está formado por módulos hexagonales de madera que también se usan como mobiliario: al ser apilados pueden formar mesas, gabinetes, sillas, etc.


-    Los domingos, cuando la guardería no atiende el edificio da cabida a un mercado. Cada módulo flotante puede ser utilizado para un puesto y el mobiliario del piso apilado para generar reposteros.



-    Finalmente, en alguna fecha especial la comunidad flotante puede usar el espacio para una fiesta o reunión. Muchas personas pueden socializar y establecer lazos en ese espacio.

-    El edificio se consolida como un espacio de usos múltiples en respuesta a las numerosas carencias que posee su entorno urbano.

Pero, cómo es que se llegó a esta solución. Se definieron dos preguntas que iniciaron el proyecto: 1) cómo proyectar en el agua; y 2) cómo proyectar en la Amazonía.

¿Cómo proyectar en el agua?

La respuesta se obtuvo del habitar de las comunidades flotantes. Lo primero que se necesita para vivir sobre el agua es construir un piso. La comunidad flotante hace su piso con troncos de una madera muy dura llamada topa. Pero esta base es ineficiente, resiste poco peso y se debe cambiar cada cinco años porque se pudre.
Para hacer el piso se propuso un módulo flotante de madera de poca densidad, cubierta con fibra de vidrio, material de protección que le da una duración de 50 años o más. Se propone que el módulo flotante sea de forma hexagonal. El hexágono se acerca más al círculo que es la forma geométrica que mejor optimiza la relación espacio–recursos: el círculo genera el mismo espacio que el cuadrado y con menos recursos.
Siete hexágonos (módulos flotantes) se agrupan para formar el piso de una Unidad Constructiva, la cual posee un centro estructural, un perímetro espacial y un techo. El edificio base es formado por tres unidades constructivas, que actúan como un trípode brindando la máxima estabilidad a la edificación. El edificio también puede ser constituido por 4, 5, 6, 7 o más unidades constructivas; o se pueden construir varios edificios que tendrán la capacidad de relacionarse entre sí, de manera que se genera todo un sistema de espacios públicos.

La base flotante (piso) se ha desarrollado recogiendo el concepto que nos muestra la Víctoria Amazónica. Esta es una planta de la amazonía cuya hoja flota y resiste bastante peso. La planta ha optimizado recursos para volverse resistente y no hundirse; lo logra a través de unas nervaduras en la parte inferior que forman espacios en donde se almacena aire. Con este concepto se diseñó nervaduras y espacios de aire en la parte inferior de cada módulo flotante.

¿Cómo proyectar en la Amazonía?

La respuesta se obtuvo del habitar de las poblaciones indígenas quienes han desarrollado la maloca como espacio único donde vivir. La mayoría de veces la maloca es solo un gran techo, por la necesidad de protegerse del sol y de la lluvia.
Siguiendo esta experiencia, se propone un Techo Colector de Agua. Resulta irónico decir que en medio del río no se posee agua potable. El agua del río tiene muchas partículas de tierra que dificultan tratarla. El agua de lluvia, en cambio, es mucho más limpia y con menor tratamiento es posible usarla para consumo humano. Se diseña entonces una Unidad Sanitaria al centro de la unidad constructiva y alineada con el centro del techo.

Tanto el piso como el techo están constituidos por elementos de forma hexagonal, pero en diferentes escalas. El piso funciona como un engranaje gracias a que posee sus lados dispuestos en zigzag, lo que brinda una mayor superficie para la unión entre los módulos y ofrece gran capacidad de resistencia al movimiento horizontal.

El techo de cada unidad constructiva es un gran hexágono que tiene facilidad de acople y logra estabilidad con solo apoyarse en los techos de las otras unidades constructivas. Esto es posible gracias a que el piso y el techo tienen 6 vértices en común.
Si bien este proyecto se ha desarrollado en base a un caso específico, existen cientos de comunidades flotantes a lo largo de toda la Amazonía. El sistema es apto para todo el territorio.

Con la situación actual del cambio climático se están generando inundaciones en toda la Amazonía. Aquí vale preguntarse, ¿realmente es coherente habitar sobre la tierra en la Amazonía?, ¿o resultaría mejor habitar sobre el agua?







Shipibo Urbano – Investigación y Proyecto de Fin de Carrera

Javier Lazarte

Cuando uno ingresa a la selva acompañado de pobladores de la zona, se encuentra en un entorno donde sólo existen bosques, ríos, animales y plantas exóticas; entonces se percibe que todo tiene un orden y que todos los que viven allí están en su naturaleza común. En cambio, cuando uno viaja en Lima por la Vía Evitamiento, llega al paradero Setame, en la zona conocida como Cantagallo (frente al cerro San Cristóbal) y encuentra una comunidad indígena de shipibos bien organizada, uno queda muy asombrado y se pregunta ¿Cómo sucedió? ¿Por qué están allí? En sus viviendas se pueden ver dibujos Kene (1), muchos de sus habitantes son artesanos, otros son artistas, existen desde curanderos hasta profesores bilingües (shipibo-español). Entonces, se entiende que esta pequeña parte de la ciudad es, al mismo tiempo, reflejo de esta cultura específica.

Hoy la comunidad está conformada por 289 familias (2), cuentan con una escuela bilingüe y están en proceso de reubicación ya que en la zona donde viven está prevista la construcción del Parque Cantagallo (3), el cual forma parte de un proyecto mayor: Vía Parque Rímac (4). En ese contexto cabe preguntarse de qué manera debe vivir una comunidad rural amazónica en una ciudad desértica como Lima.


Este escenario me llevó a realizar una investigación en donde el hilo conductor fue la hipótesis de la existencia de un patrón de asentamiento shipibo que debió ser adaptado a la ciudad. Se intenta encontrar índices de comportamiento en el medio construido, para ello el estudio se realizó en dos dimensiones: la colectiva y la íntima. En la primera se analiza la vida en comunidades shipiba selváticas y en Cantagallo, de esa manera se identifican mecanismos de asociación, identidad y modelos de crecimiento que puedan ser adaptados en el proyecto. En la segunda, se analizan las viviendas y la importancia de un espacio social exterior.

DIMENSIÓN COLECTIVA

En la selva, el río es el principal flujo de comunicación. Gracias a él, todas las comunidades generan redes de apoyo, intercambian productos o simplemente se movilizan de algún lugar a otro. El patrón de asentamiento está ligado a las redes de parentesco y a las prácticas espaciales de la comunidad respecto al río. Así, desde el río existe un camino en forma perpendicular, al final del cual se llega a un gran espacio colectivo –Espacio social primario- el cual está acoplado a una calle principal que organiza los diferentes subespacios familiares –Espacio social secundario- en cuyos frentes se encuentran las viviendas.

En este patrón se puede observar una transición gradual de lo público a lo privado a través de las distintas escalas espaciales de la conformación urbana. La gran plaza, rodeada de equipamiento comunitario (llámese escuela o local comunal); la calle, que relaciona los subespacios familiares; y finalmente, el espacio social doméstico, el cual consiste en una extensión de la casa que permite exteriorizar la sala o espacio social familiar. Todo ello concede riqueza en los grados de privacidad y promueve la interacción en la comunidad.

En Cantagallo se puede diferenciar tres zonas distintas: en la primera, más próximo a la Vía Evitamiento, se ubica el Mercado de Malvinas; en la segunda, existen viviendas taller y habitan algunos shipibos y mestizos; en la tercera, se ubican viviendas exclusivamente de shipibos. Existen tres ingresos: dos peatonales y uno vehicular. Para ambos ingresos se debe recorrer distancias bastante largas, por lo que representan filtros, sin embargo cada una tiene características particulares. En cuanto escala y actividades en su recorrido.

DIMENSIÓN ÍNTIMA

La calle se convierte en el espacio público por excelencia. Los subespacios familiares de la selva, se yuxtaponen en Cantagallo; por ello, en la calle se exteriorizan muchas de las actividades de la casa como la sala, la cocina y el área de trabajo. De esta manera, se reinterpretan prácticas espaciales de la selva. Cuando uno camina por Cantagallo es muy común ver muchas cocinas caseras que funcionan con carbón en la puerta de las viviendas, o tal vez alguna mesa con objetos o bancas para sentarse.

La forma del asentamiento en Cantagallo ha sido una evolución constante, las estrategias que han adoptado los shipibos ha sido otorgar cierto grado de libertad en modificar su medio ambiente para evitar el stress urbano, un ejemplo de ello es la materialidad que usan en sus viviendas, algunas de caña para representar espacios selváticos; otras veces pintan sus fachadas para otorgarle sentido de identidad; han sabido ubicarse en el centro de la urbe, pero, al mismo tiempo, en un espacio lo suficientemente distante de la trama urbana. Las calles han ido adecuándose a las necesidades de los pobladores, de modo que en un momento del día puede ser cocina, por la tarde sala, un fin de semana estar de reunión, etc.; de esta manera pueden modificar el espacios a través de elementos móviles para generar diversos lugares.

A partir de esta investigación se plantean una serie de cuestionamientos para repensar cómo puede ser la vivienda hoy para esta población tan particular. El proyecto tiene la intención que la relación entre el espacio colectivo y la vivienda tenga la capacidad de ofrecer lo simbólico y cultural a la vida urbana; una necesidad indispensable de memoria colectiva; asimismo es una hipótesis para consolidar la ciudad frente al río, un pretexto para repensar el borde.

POSICIÓN Y PARTIDO


La primera pregunta que surge es: ¿Dónde deben ser reubicados? Lo común frente a un proceso de reasentamiento es ser llevados a la periferia de la ciudad (bajo el artificial pretexto de existir “más espacio libre”), pero mi posición frente a ello era evitarlo. La razón es bastante lógica; las  condiciones actuales de estos espacios tienen muchos problemas, entre ellos la baja resistencia de los suelos, lejanía de las zonas productivas y lugares de trabajo, menor oportunidad de acceso al transporte público y dificultad para alcanzar las redes de agua y desagüe.

Por ello, la idea es propiciar el crecimiento interno, compactando la ciudad y aprovechando su infraestructura instalada en términos de redes de agua potable, equipamiento y accesibilidad. Asimismo se pueden conservar las dinámicas de uso del espacio que los shipibos han desarrollado todos estos años de experiencia en Lima. Para este fin, una de las posibilidades es utilizar uno de los terrenos destinados para vivienda dentro del Plan del Proyecto Vía Parque Rímac y así  favorecer nuevas relaciones urbanas entre la ciudad existente, la nueva área urbana y el río Rímac.

ESCALA URBANA


La mayor cantidad de proyectos de vivienda por parte del Estado tienen un denominador común, aprovechar el máximo al espacio construible en desmedro de otros aspectos importantes, y  por ello tienden a simplemente apilar las viviendas unas sobre otras. De esta manera (in)voluntaria se crean proyectos que incentivan el aislamiento, las viviendas no se relacionan unas con otras y las reuniones de propietarios terminan siendo la única excusa para conocer vecinos.
En la selva la vivienda siempre ha estado ligada a la calle. Son las plazas, las calles y las terrazas los componentes de interacción que hacen que el sistema funcione.
Entonces, el proyecto se articula a partir de estos mecanismo: plaza, calle y terraza; con lo cual la planta baja, media y alta se relacionan de manera horizontal y vertical a partir de espacios que buscan ofrecer colectividad. En todo el proyecto se plantean equipamientos como colegio, lavandería comunal, estacionamiento, área deportiva y sala comunal para poder satisfacer las necesidades del grupo; asimismo en el primer nivel de vivienda se ha acondicionado áreas para comercio con el fin de activar el espacio público y ofrecer la capacidad de generar ingresos económicos para las familias.

VIVIENDA FLEXIBLE


Otra característica de las viviendas construidas en las últimas décadas se refiere a la poca (o nula) posibilidad de adaptación que ofrecen. Las viviendas en general se construyen con todos los espacios distribuidos y los materiales de acabados instalados. Con ello se generan dos situaciones. Por un lado el precio de la vivienda aumenta, y por consiguiente disminuye la posibilidad que personas de bajos recursos accedan a ellas. Por otro lado, la vivienda no permite los cambios que una familia experimenta con los años (mayor número de integrantes  e ingresos económicos).

El proyecto se piensa como una vivienda semilla flexible. Los núcleos de servicios (baños y escaleras) se agrupan en un lado y se ofrece, en toda el área restante, un mínimo de 6 opciones de crecimiento espontáneo (que puede variar de familia en familia). Además, al ser inacabada, brinda la posibilidad de personalizar la vivienda al escoger los acabados finales permitiendo así la apropiación del espacio. Finalmente, el área construida puede aumentar ya que frece posibilidad de crecimiento en los casos de vivienda dúplex.

MATERIALIDAD


Muchas de las viviendas en Cantagallo están pintadas con dibujos Kene; las líneas y dibujos contienen símbolos y códigos propios de la cultura shipiba por lo tanto sirven como mecanismo de identidad frente a otros (diferencia) y consigo mismos (semejanza).
En el proyecto la materialidad del cerramiento de las viviendas es la madera machihembrada. Se generan  “lienzos” de madera que los habitantes pueden usar para plasmar el kene, así apropiarse poco a poco su espacio habitable. Con el mismo concepto de generar memoria colectiva se diseñaron adoquines de concreto que simulan el patrón con el cual ellos llenan algunos espacios de sus lienzos kene.

CLARIDAD FÍSICA

“Si nuestro objetivo consiste en construir ciudades para el goce de grandes grupos de personas con antecedentes sumamente diversos – y ciudades que, además, sean adaptables para propósitos futuros-, mostraremos sensatez si concentramos atención en la claridad física de la imagen y que el significado se desarrolle sin nuestra guía directa… ” (5)

El aspecto cultural es en definitiva el denominador común de toda la propuesta presentada. En  este  sentido,  el  espacio  conformado  por  lo  permanente  (módulo de vivienda) tiene una fuerza, potencia y claridad tal que permite flexibilidad en su configuración espacial interior. El espacio tiene tal fuerza que logra albergar el frenesí del día a día familiar. Tanto la dimensión  íntima  como  dimensión  colectiva  se  conjugan  para  formar  una  sola propuesta en el caso de la vivienda. La plaza, calle y terraza deben,  al mismo tiempo,  servir para reunir y para aislar. Facilitar en los futuros habitantes la generación de memoria colectiva.
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(1)     El kené es el término que, en lengua shipiba, designa al característico sistema de diseño del pueblo shipibo-konibo y que se expresa sobre diversos soportes como tela, madera y cerámica. Declarado Patrimonio Cultural de la Nación según resolución del INC (RDN No. 540/INC – 16, abril, 2008).
(2)     Población aproximada, ya que a la fecha, todavía no se cuenta con los datos del Censo que elaboró Datum en Julio del 2012.
(3)     Futuro parque de 25 hectáreas de áreas verdes, infraestructura deportiva, recreativa y comercial localizada en Cantagallo (Km 6.5 de la vía Evitamiento).
(4)     Proyecto que comprende la construcción de nuevas vías, aumento de áreas verdes y mejoramiento de condiciones ambientales de 6 Km del Río Rímac.
(5)     Lynch, K. (1974). La imagen de la ciudad. Buenos Aires. Ediciones Infinito.

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PPANELES DEL CONCURSO TIL_TALLER DE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANO DONDE LA PROPUESTA DE JAVIER LAZARTE FUE SELECCIONADA





Museo de Paleontología. Costa Verde, Lima - Proyecto de Fin de Carrera

Martín Montañez






Contexto

Si se presta atención a las caras de los farallones de la Costa Verde es posible apreciar una serie de líneas y texturas producto de los estratos y sedimentos que se han ido acumulando a lo largo de millones de años. Por ello, la masa del acantilado es un elemento que permite medir el tiempo. Así pues, se puede hacer un recorrido vertical por las diferentes eras geológicas comenzando en la parte baja, en donde se encuentran depositados los sedimentos más antiguos, y terminar en la parte alta de la ciudad, la cual representa el presente.

Programa

Partiendo con esta observación, se decidió llevar a cabo una investigación que permita relacionar esta particularidad del acantilado con un hecho o situación afín a las ciencias geológicas. Como resultado, se concluyó que la paleontología, ciencia que estudia los seres vivos que habitaron nuestro planeta en eras pasadas, ofrecía los elementos necesarios para vincular el estudio del pasado con los acantilados de la Costa Verde al enfatizar las épocas extintas en su composición morfológica.

La siguiente etapa de la investigación se centró en conocer la situación de la paleontología en el país. Se descubrió que el Perú posee una de las mayores diversidades de fósiles en América en tanto es posible encontrar una amplia variedad de especies extintas desde Piura hasta Puno.

A partir de esto, se decidió proponer la creación de un museo que pueda acoger las piezas más valiosas en un espacio que permita comprender en perspectiva histórica la evolución de las especies extintas, con la verticalidad de los acantilados de la Costa Verde como herramienta de medición temporal.

Lugar


La elección del lugar se realiza a partir una serie de premisas. La más importante es ubicar el museo en una de las bajadas de la Costa verde sin irrumpir en el acantilado pues ello significaría no solo la transformación del lugar sino también un atentado para la composición de los farallones que han sido labrados por la naturaleza durante miles de años. No obstante, todas las bajadas han sido transformadas durante la implementación de la pista de la Costa Verde, por lo que resultan lugares ideales para intervenir ya que no se atenta contra una morfología natural sino contra andenes construidos en la década de 1960. Por otra parte, la presencia de la pista en la Costa Verde facilita la accesibilidad al lugar sin tener que afectar las calles de las zonas residenciales, la misma bajada funcionaría eficientemente como llegada al museo, pues al tener una sección importante, no resultaría un problema el manejo de flujos. Finalmente, la ubicación del museo generaría un recorrido prolongado desde la ciudad que disociaría el local de la trama urbana, con lo cual aquel sería percibido como un lugar y no como un edificio más.

Se concluyó que la Quebrada de Armendáriz es el lugar ideal para la ubicación del museo. Así pues, las principales características de la Bajada de Armendáriz son su excelente accesibilidad, tiene nodos y paraderos importantes a poca distancia, la ausencia de programas consolidados en ella como el resto de las bajadas, lo cual genera desde el inicio de su descenso un aislamiento de la ciudad más prolongado, y una topografía amigable puesto que posee laderas menos verticales y superficie suficiente para acoger un edificio.

Estrategia

Una vez establecidos estos parámetros se propone un método constructivo que vaya acorde con las particularidades del terreno y que, a su vez, posibilite descender en él generando cavidades en las cuales se puedan exponer las piezas. Con ello se produciría un contexto en el cual las piezas estarían expuestas en espacios acordes con su tiempo. Así mismo se toma en cuenta que si bien el acantilado posee buena resistencia a cargas portantes, éste igualmente ejercerá cargas laterales sobre el edificio. De la misma manera, se considera que la composición del acantilado hace que el desprendimiento de tierra y piedras sea frecuente, sobre todo en casos de sismos o vibraciones. Para ello se plantean el uso de unidades cilíndricas que permitan absorber los esfuerzos laterales de compresión, generando en determinada posición espacios de recorrido entre ellos. A su vez, al ser elementos verticales, éstas permiten trazar diversas profundidades de acuerdo a lo que se expondrá en su interior generando niveles de aislamiento y escalas que permitan diferenciar períodos geológicos. Cada cilindro acoge un ecosistema extinto y, en su interior, una circulación vertical que lleva de la parte más profunda a la más superior o viceversa.

Diseño


Con los elementos del edificio definidos, se inició el diseño de este. Para ello se decidió ubicar los cilindros de manera tal que narren la relación de ecosistemas y antigüedad en que se encuentran unas piezas respecto a otras. Para poder generar un recorrido entre los cilindros se propone alterar la sección de algunos, convirtiéndolos en cóncavos y convexos, con lo cual se podría generar pases entre ellos y así acceder a espacios de transición entre las salas. A ellos se suman cilindros patio como lugares de descanso y exposición al aire libre dentro del recorrido.


Una vez establecidos los cilindros en el terreno, se tiene una contención de la parte alta de la ladera.  A partir de ello se plantea ubicar en la parte baja un bloque de servicios que aloje el hall de ingreso, un área de exhibición temporal para exposiciones itinerantes, servicios para los visitantes, laboratorios, depósitos para la colección y una zona de abastecimiento que se comunique con la vía de la quebrada. Con ello se propone una dualidad entre el bloque de salas que funciona como contención y el bloque de servicios, que al no tener que soportar esfuerzos laterales, se compone con áreas ortogonales que permiten una mejor funcionalidad para acoger espacios servidores.


Edificio



Todos los caminos de la Quebrada de Armendáriz llevan a uno solo que desemboca en un corredor, compuesto por un muro y un tajo abierto, que a su vez conducen a una plaza ubicada encima del bloque de servicios del edificio. Esta plaza posee una serie de tubos enterrados que permiten al usuario ver hacia abajo las piezas alojadas en la sala de exposiciones temporales, lo cual funciona también como un atrio y conforma un espacio público para el lugar. Para acceder al  museo se puede descender por medio de escaleras o un elevador que va mostrando los estratos durante el recorrido con la finalidad de familiarizar al visitante con lo que va a  encontrar en el museo.


Desde el hall se accede al corredor de distribución, en el cual se elige que sala visitar para empezar el ascenso y descenso por los cilindros. Si bien los patios son lugares de descanso y exposición de piezas al aire libre, su función principal es acoger a los grupos guiados antes de ingresar a la siguiente sala y, de esta forma, mantener un orden entre los diversos grupos de visitantes. Las piezas expuestas se ubican en los muros de cada cilindro  de manera cronológica, mientras que la infografía se ubica en una barra que se encuentra a lo largo de toda la espiral y que funciona a su vez como una gran línea de tiempo recorrible.  



Reúso


Ricardo Bofill demostró la versatilidad de los cilindros hace más de 30 años, cuando en Barcelona reutilizó unos silos que almacenaban cemento para ubicar sus oficinas en ellos. Con esto se demuestra que es completamente factible hacerlo. Lo que el edificio plantea es generar algo inverso, el cilindro que funciona como edificio tal vez pueda funcionar como un silo en un futuro lejano. Las posibilidades son muchas como la de, por ejemplo, ser utilizados como tanques de agua de una planta desalinizadora cuando dentro de 200 años el planeta se quede sin agua dulce, sin que esto tenga que afectar una transformación importante de la volumetría y el paisaje de la Costa Verde.

HOSPEDAJE EN LA LAGUNA HUAMANPATA - PROYECTO DE FIN DE CARRERA



Demostenez Mori

El proyecto de un hospedaje situado en la laguna de Huamanpata, en la selva alta peruana en la región Amazonas, lo sustenté el año 2009 y desde allí  he tomado distancia del mismo. Creo que es útil ocuparme del proyecto justamente desde esta distancia con la que cuento ahora, y luego de haber profundizado en estudios sobre el paisaje y ser consciente de que mi Proyecto de Fin de Carrera (PFC) está sujeto a un compromiso con el mismo.

Un sentimiento que me ocasionó el PFC fue cierta incertidumbre, puesto que culminé mis estudios de pregrado con el proyecto más simple, espacial y programático, que he diseñado en la universidad.
Como se observa en la Figura 1, se trata de un edificio pequeño y de un programa mínimo. Son dos  volúmenes de servicios conectados por una pasarela, la que permite el adosamiento de las habitaciones. En ese momento definí que las habitaciones eran lo más importante para el proyecto, debido a que  se trataba de un hospedaje para observar aves y mariposas en las cercanías de la laguna.
Pero con un proyecto así de mínimo debía responderme a la pregunta ¿cuál es el aporte arquitectónico?

 Figura 1.- Única planta del hospedaje.

Mi inquietud fue discutida el mismo día de la sustentación, cuando hablé con el arquitecto Michael Leymarie (quien había realizado también arquitectura flotante en la selva) acerca de cuáles fueron las motivaciones para diseñarlo en ese lugar específico. Como mencioné anteriormente, el proyecto está sujeto a compromisos con el paisaje, situación de la que me había ocupado indirectamente pues en ningún momento fui absolutamente consciente de ello.

Resulta que el proyecto termina siendo pertinente para el sitio en el que se encuentra, esto no fue posible sin una mirada escrupulosa a los condicionamientos que determinan el programa y guían el diseño del proyecto. Esta mirada es quizás lo más importante para que un proyecto sea exitoso: un buen entendimiento del territorio. Un proyecto nunca se comienza con un lienzo en blanco.

Retomando mi inquietud inicial, podría pensarse que el proyecto es muy poco complejo para un PFC. Pues resulta que esto no es cierto debido a la relación que mantiene con el paisaje. Generalmente los arquitectos pensamos en una arquitectura compleja cuando está en un entorno urbano consolidado y con preexistencias que la afectan. Y se llega a pensar la naturaleza y el paisaje como un vacío a llenar. Pues esto no es así, las relaciones que engloba un entorno natural son diferentes a las de las ciudades pero cuentan también con un gran nivel de complejidad. Las herramientas para entender el paisaje pueden ser más difíciles de reconocer y utilizar que las usadas por el repertorio urbanístico.

Un reconocimiento cabal del paisaje en el cual intervenir pasa por un estudio exhaustivo de la estructura y organización del territorio, y más aun, ser conscientes de lo complejo que este estudio puede resultar. Esto sitúa al ser humano no como un mero transformador de la naturaleza sino principalmente como intérprete de ésta.

El proyecto no es sólo el edificio, el proyecto es toda la laguna, esto se explica por las interrelaciones que se establecen entre el proyecto en si y la propia naturaleza pues el hospedaje responde a dos condiciones totalmente opuestas en el sitio: cuando no es una laguna y cuando lo es. El paisaje cambia rotundamente cuando las lluvias convierten al río a una extensa laguna en pocos días, esta condición es lo más particular del sitio y el proyecto funciona en ambos casos, trabaja como un edificio anfibio (Figura 2).

Figura 2.- El hospedaje en época de pocas lluvias.

En segundo lugar, las habitaciones pueden desprenderse del hotel cuando éste flota, de manera que los observadores pueden llegar hasta los mejores sitios para apreciar las aves y mariposas navegando por las aguas que son muy calmadas por lo llano de la topografía y por los pocos vientos (Figura 3).
Otro aspecto importante es el cuidado en el tratamiento de los residuos, éstos se colectan y luego tratan pero externamente al hospedaje.

Figura 3.- Habitación navegando autónomamente.

Por último, está la imagen de la laguna. Es propicio señalar aquí que el paisaje es en primer término una imagen, y en el caso de la laguna ésta se ve alterada por la presencia del nuevo elemento en el territorio (Figura 4), es éste quizás el aspecto más subjetivo y delicado del diseño, no obstante, se debe ser consciente de que el paisaje siempre está cambiando, y no existe en el mundo territorio no afectado por el hombre.

Figura 4.- El hospedaje en el paisaje de la laguna.

Es imposible pensar que el hospedaje pueda estar en un territorio distinto al de esta laguna debido a que las habitaciones flotantes introducen el paisaje en la intimidad. Lo que es importante reiterar para finalizar este artículo, es que se desarrolló como un elemento que a su vez trabaja con otros elementos del sitio, los estudia y dialoga con ellos. Algo de lo que estoy seguro es que hubiera sido mucho menos productivo iniciar con ideas preconcebidas de lo que debería ser un hospedaje.

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*El objetivo del proyecto es observar los animales y la naturaleza. Entonces en vez de hacerlo desde una balsa o un mirador, se propone hacerlo desde el mismo lugar para habitar, desde una habitación. Que la arquitectura (medio por el que el hombre puede habitar) se introduzca temporalmente, de manera efímera en la naturaleza. Se busca intensificar la relación de la persona con la naturaleza al introducir la intimidad de la habitación en ella. El individuo tiene la libertad de intensificar su nivel de relación con la naturaleza, distanciándose del grupo humano. Existen niveles de riesgo y relación que el habitante puede elegir. Se genera la independencia del módulo, en la autonomía de la movilidad para que se intensifique el placer al natural.


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*Es importante ser consciente que llegar a una gran simplicidad es justamente la mayor dificultad al momento de proyectar. Vale la pena mencionar que el programa no la daba la cátedra, sino los mismos estudiantes. Realizar un edificio que sea síntesis de todo lo que engloba la arquitectura (territorio, paisaje, programa, economía, etc.) requiere de mucho trabajo. Se debe entender lo simple como cualidad, resultado de un proceso de purificación (claridad) de la arquitectura.

Amazonía: proyecto territorial y perspectivas en conflicto



José Canziani / Luisa Belaunde

Fig. 1 -  Ashaninka del río Pachitea. Foto de C. Kroehle (ca. 1890).


Desde el espejismo colonial del mítico El Dorado, la Amazonía se imaginó y pensó como un espacio salvaje a conquistar. No obstante los siglos transcurridos y las transformaciones que desde ese entonces se han sucedido en los contextos económicos, sociales y culturales, las visiones de la modernidad nacional centralizadas en Lima continúan perpetuando este imaginario en un conjunto de versiones y propuestas que expresan una postura neocolonial hacia los territorios amazónicos y sus habitantes (Espinoza 2007).

Desde esta perspectiva, la selva amazónica es una suerte de geografía predestinada para la extracción de todo tipo de recursos; un territorio capaz de soportar importantes proyectos orientados a lograr un supuesto desarrollo nacional. Así, desde los terribles tiempos de la explotación cauchera a inicios del siglo XX y las masacres de la población indígena acontecidas en el Putumayo y otros lugares, se ha producido una sucesión de intervenciones que continúan dejando como secuela profundas huellas en la gente, los ríos y los bosques amazónicos.

La vastedad del área que abarca la Amazonía en el continente sudamericano y en especial en nuestro país, donde comprende más del 60% del territorio nacional, como también la diversidad y complejidad de los problemas que la afectan, a partir del creciente nivel de inversiones e intervenciones de distinto tipo que se ejecutan o que se proyectan realizar en su territorio, exigen no sólo un examen crítico de estas perspectivas de desarrollo, sino también establecer de forma consecuente nuevas formas de pensar y plantear proyectos alternativos de desarrollo territorial, bajo el concepto central de que permitan formas sostenibles de desarrollo, incorporando la preservación de la identidad cultural de estos territorios, es decir del patrimonio biofísico y cultural de sus habitantes; que fomenten la mejora de las condiciones de vida y propicien la participación cultural viva de sus pueblos.

Como base de reflexión general para plantear estas nuevas perspectivas de desarrollo territorial proponemos cuatro puntos que nos parecen centrales y que a continuación desarrollaremos brevemente:

1)    Recuperar la historia de la Amazonía y la memoria de las poblaciones indígenas, ribereñas y mestizas que la habitan, tanto en las áreas rurales como las urbanas.

2)    Aproximarnos a las visiones indígenas y locales del territorio y al entendimiento de los conflictos que compromete nuestra visión limeña centralista.

3)    Establecer un diagnóstico del estado de la cuestión territorial, desde una perspectiva crítica de los modelos de desarrollo que actualmente se imponen en el territorio.

4)    Explorar nuevas alternativas que establezcan en términos distintos las bases del proyecto territorial.


1. Recuperar la historia del territorio

Fig. 2 -  Edificio de una instalación cauchera en el Putumayo (Foto S. Santos 1913). 


En términos territoriales, la Amazonía peruana abarca una extensión de 77.5 millones de ha, es decir un área que corresponde a algo más del 60% del territorio nacional. Sin embargo, de utilizar el criterio más amplio que corresponde al de la dimensión de la cuenca amazónica, esta área resulta aún mucho mayor: 96 millones de ha, es decir una extensión que corresponde al 75% del territorio de nuestro país (Dourojeani et al. 2010).

Un territorio que si bien en el imaginario limeño centralista se caracteriza simplemente como el de un uniforme bosque húmedo tropical, en realidad comprende una gran diversidad de espacios ecológicos de naturaleza distinta. Imaginario centralista que también niega la historia de la habitación humana de la selva y asume este territorio como el de un espacio prístino propio de una selva virgen, cuando la realidad revela un paisaje cultural, no solo porqué el medio está incorporado a la cosmovisión indígena, sino también por las modificaciones que las comunidades de pobladores de diversa índole: indígenas, ribereñas y mestizas, operan en él.

En términos poblacionales actuales, el censo del 2007 reporta que la población de la selva era de 3’675 mil habitantes, o sea correspondía al 13.4% del total de la población nacional, en la cual se observaba un crítico índice de pobreza del 48%. En términos étnicos, la población indígena se agrupa en alrededor de sesenta pueblos que suman un población de unas 333,000 personas, el 9.1% de la población de las regiones de la selva.

Sin embargo, para poder comprender y poner en contexto las actuales dinámicas territoriales como poblacionales, es imprescindible revisar la historia de la Amazonía y especialmente recuperar y revalorar la memoria y los conocimientos de las comunidades nativas que milenariamente habitaron y habitan este territorio. Comunidades indígenas que con una creatividad sorprendente han generado saberes adecuados sobre el manejo sostenible de sus recursos, persistiendo en la preservación y la transformación de sus conocimientos y prácticas, respondiendo a los contextos de cambios y ejerciendo la resistencia frente a las múltiples presiones a las que están siendo sometidas de forma creciente.

Desde el punto de vista territorial, la arqueología y la historia de la Amazonía revelan tanto una milenaria ocupación del espacio, como también una dinámica de permanentes y distantes desplazamientos por parte de distintos pueblos lingüísticos. Estos datos hablan también del despliegue de diferentes estrategias de ocupación del territorio y del manejo de sus recursos por medio de la integración de la caza, la pesca, la recolección y la agricultura, con el establecimiento de distintas formas de asentamiento a lo largo de los ríos y de los espacios interfluviales.

Grandes cambios en el espacio amazónico se han producido a partir de fines del siglo XIX e inicios del XX, especialmente con la explotación del caucho, lo que generó la caída poblacional de muchas comunidades indígenas por la mortalidad generada por las enfermedades introducidas, la explotación esclavista y el castigo mediante prácticas de exterminio; mientras a nivel territorial significó su desplazamiento a zonas ecológicas distintas de las usualmente preferidas en su modo de vida, al igual que cambios en los patrones tradicionales de asentamiento y en las propias tipologías arquitectónicas. Paralelamente se inician procesos de inmigración y la instalación de poblaciones mestizas de carácter ribereño, que se articulan con un naciente proceso de urbanización, que tiene a la ciudad de Iquitos como una privilegiada protagonista. Actualmente, la Amazonia es sujeta a una pujante migración de pobladores andinos dedicados a la agricultura y la crianza de animales, pero que también suele involucrarse en actividades altamente destructivas y hasta ilegales, como la deforestación, la minería informal y la producción de coca para el narcotráfico (Belaunde 2011).

A partir del boom cauchero se comienza a imponer el dominio de una lógica urbana en el manejo del territorio amazónico, donde la implantación de ciudades viene asociada al creciente predominio de una economía de matriz urbana y a la acelerada demanda de recursos naturales por parte del mercado global. Directrices que hasta el día de hoy imponen las formas del desarrollo territorial en la Amazonía y las consecuentes pautas que orientan las políticas del gobierno central para esta vasta región de nuestro país.


Fig. 3 -  Andoas. Efectos visibles de la degradación territorial generados por la extracción petrolera y la instalación de la planta de procesamiento a orillas del río Pastaza (Google Earth). 

2. Aproximación a la visión indígena del territorio

La aproximación a la historia de la Amazonía revela como una constante una historia subyacente de conflictos, entre la visión indígena del territorio y nuestra visión occidental o “occidentada”. Nuestra visión plantea una perspectiva dicotómica y de contraposición entre sociedad y naturaleza, donde esta está allí para abastecernos de recursos y, en última instancia, ser dominada por nuestros supuestos poderes superiores. En términos territoriales y urbanísticos esta visión se traduce en una óptica cartesiana y planimétrica, donde el territorio es alienado de su memoria social y se representa en una cartografía que se reduce al registro físico, superficial y estático de una realidad territorial que es compleja y cambiante, tanto desde el punto de vista natural como cultural.

Cartografía en la que se demarcan arbitrarios límites territoriales, que responden a criterios de administración política y donde se inscriben los límites de la propiedad privada, o de las concesiones otorgadas por el Estado para la explotación de los recursos naturales. Mapas donde se trazan las vías existentes o proyectadas y otras obras de infraestructura. Es decir, un conjunto de decisiones e intervenciones que se trasladan a un instrumento planimétrico ajeno a la realidad compleja y a la memoria del territorio en cuestión, dado que prescinden del punto de vista natural y social de los habitantes locales. De esta manera, en estos planos se traza lo que agentes extraterritoriales deciden en cuanto a proyectos de inversión e intervención, y el tema crítico es ese, que lo representado en mapas y planos bajo esta modalidad, finalmente termina proyectándose de una forma cruda y dura en las intervenciones que se operan en el territorio.

La concepción indígena plantea, una percepción indisoluble entre la gente y los seres del entorno, con los cuales se relacionan como si todos los habitantes de los bosques y los ríos compartiesen, en cierta forma, una misma naturaleza humana (Viveiros de Castro 2004). Por esta razón en la cosmovisión indígena es frecuente la consideración de que el espacio habitado hace parte constitutiva del propio cuerpo humano, el cual es, a su vez, indisoluble de las redes de parentesco que unen a las personas entre sí, incluyendo a los diversos seres y espíritus del entorno que sustentan su alimentación y crecimiento. Con frecuencia, el territorio es entendido como una secuencia de espacios concéntricos, que parten de la vivienda que se habita y que se extienden sucesivamente a las chacras de los alrededores, a los bosques y ríos próximos donde se pesca, se caza y recolecta, a los espacios más alejados que comportan recorridos de varios días, hasta alcanzar los espacios lejanos y escasamente conocidos, donde la memoria individual y ancestral se diluyen progresivamente. Por lo tanto, es un territorio concebido con una lógica de habitación, y no de apropiación, que parte del centro del espacio donde se encuentra el hábitat y que no tiene límites definidos sino más bien bordes porosos en relación a la coexistencia con otros grupos, espíritus y seres del agua y el bosque con los que se comparte determinados espacios territoriales (García Hierro y Surrallés 2004).

El conflicto entre estas dos concepciones absolutamente distintas, puede llegar a cristalizarse de forma dramática, por ejemplo, en el proceso de titulación de las comunidades nativas. En este caso, se hizo patente la negativa estatal a reconocer los territorios indígenas ancestrales -no solamente en su extensión, sino sobre todo en su concepción- lo que condujo al desmembramiento y reducción de las comunidades a partir de las tierras asignadas con una lógica muy distinta. El otorgamiento de títulos de propiedad comunal estableció entonces una forma de delimitación del territorio que no se correspondía con el modo de vida indígena, ya que la definición de las extensiones de tierras reconocidas se fundamentó básicamente en criterios agronómicos, y por lo tanto sustancialmente distintos y ajenos a las actividades y prácticas territoriales de las poblaciones originarias de la Amazonía. Este concepto estático de “territorialidad” ha obligado al sedentarismo, dado que debe de haber una “comunidad” asentada en ese territorio, conduciendo así al aislamiento con relación a otras comunidades del mismo grupo étnico y a la fragmentación del territorio indígena (Chirif 2006).

 Fig. 4 -  El Estrecho. Proceso intensivo de deforestación en el entorno de la instalación fronteriza con Colombia en la margen del río Putumayo (Google Earth). 

3. Establecer un diagnóstico del estado de la cuestión territorial

Si examinamos los proyectos de inversión que interesan la región amazónica podemos sorprendernos tanto por la diversidad de su carácter, como también por su gran envergadura y severos compromisos territoriales. Pero sorprende aun más constatar como este tipo de intervenciones, proyectadas o en ejecución, se superponen política, económica y cartográficamente.

Esta vorágine de inversiones que se planean realizar en la Amazonía en la próxima década por parte del Estado y grupos de inversionistas, son escasamente conocidas y están orientadas tanto a la explotación de distinto tipo de recursos naturales, como a la construcción de grandes obras de infraestructura en la región. Una fuente de consulta obligada al respecto ha sido la publicación de Amazonía Peruana en 2021 (Dourojeanni et al. 2010). Efectivamente, en este libro se lanza una documentada alerta crítica de lo que significaría la realización de todos estos proyectos propuestos para la Amazonía, sus serios compromisos ambientales como sociales y sus repercusiones territoriales, que en muchos casos podrían tener consecuencias irreversibles. Esta perspectiva crítica se refuerza ante la constatación de que la mayoría de estas intervenciones son de escaso beneficio regional e inclusive nacional, mientras que las externalidades negativas dejarían una pesada y lamentable huella en la región.

Entre las obras de infraestructura más impactantes, podemos mencionar las carreteras de penetración y las interoceánicas. Es evidente que las carreteras constituyen importantes instrumentos de desarrollo territorial, resolviendo los requerimientos  de conectividad entre regiones y, en articulación con las redes viales locales, favoreciendo los flujos de transporte de la población, de bienes y recursos. Pero tampoco se puede dejar de observar que cuando estas obras se desarrollan sin ninguna planificación y ordenamiento territorial; a lo que se agrega la escasa o nula regulación del uso del suelo y de las actividades territoriales por parte de las entidades estatales, resulta en paralelo un proceso de severa degradación territorial y medio ambiental, que se encuentra en las antípodas de lo que podemos concebir como desarrollo territorial, si asumimos el término en su sentido integral.

Para esto bastaría ver las consecuencias de la llamada carretera Marginal de la Selva, que si bien ha fomentado la articulación territorial y el desarrollo urbano de ciudades emplazadas en la ceja de selva, también ha traído como consecuencia un intenso proceso de deforestación y de degradación de suelos, a raíz de la agricultura temporal y de la proliferación de los cultivos de cocales asociados al narcotráfico. Al respecto se puede constatar como se concentran las áreas de cultivo de coca en directa asociación con las áreas accesibles por carreteras, ya que por ellas no solamente sale la droga sino que también llegan los insumos químicos para producirla (García y Antezana 2009).

Otro aspecto no menos importante corresponde a los procesos migratorios de “colonización”, que se desencadenan de forma descontrolada y que se orientan a ocupar suelos ahora accesibles por las carreteras, donde se aplican prácticas agropecuarias que no corresponden a la naturaleza del medio y, lo que es más grave, ejerciendo la presión y el desplazamiento de las comunidades nativas, que de esta forma terminan siendo expoliadas de su territorio.

Un proceso similar y quizás mayor en cuanto a degradación territorial, se está ya produciendo en asociación con la vía interoceánica del sur, con el desencadenamiento de la minería informal del oro en localidades de Madre de Dios, como es el caso clamoroso de Huaypethue, donde se registra la destrucción y desertificación de unas 10,000 ha de bosque amazónico, además de la contaminación de todas las aguas de los ríos de esta parte de la cuenca, por los insumos químicos utilizados en esta actividad ilegal.

Otros proyectos de infraestructura que se proponen y comprometen severos impactos territoriales son las hidroeléctricas. Entre estas Inambari, Sumabeni, Pakitzapango, Urubamba, Vizcata, y Cuchipampa, cuyas líneas de transmisión serían integradas al sistema brasileño, por lo que no resulta extraño que este país se constituya en el principal promotor de estos proyectos, ya que de ellos obtendría los mayores beneficios, como también parece ser el caso de las carreteras interoceánicas.

Estas hidroeléctricas traen graves consecuencia en el ámbito territorial, con profundos trastornos ecológicos en el medio ambiente, derivados de las extensas áreas de inundación que generarían: 40,000 ha en el caso de Inambari, 73,000 ha en Pakitzapango, donde además se afectaría a las poblaciones ashaninka que habitan la zona.

Otros aspectos no menos importantes a considerar en estas proyecciones que solo mencionamos brevemente, son las concesiones de hidrocarburos y mineras, así como las concesiones forestales, que con su inmensa geometría de lotes se superponen a las áreas naturales protegidas y a los territorios de las comunidades nativas.

Fig. 5 -  Poblado ribereño a orillas del río Puinahua (Wust y Balaguer 1999). 

4. Explorar alternativas para establecer en nuevos términos el proyecto territorial.

Frente a esta compleja y crítica realidad territorial, es urgente y necesario explorar nuevas alternativas que, dejando de lado planteamientos utópicos de retorno a tiempos pasados, intenten reencauzar este proceso de cambios, incorporando el rol protagónico que les corresponde a las comunidades indígenas y mestizas que habitan la Amazonía.

Una gran tarea es revisar y reproponer las relaciones urbanos rurales, para ver de reconducirlas a formas más armónica y equitativas, en el marco de propuestas de desarrollo territorial integrales y sostenibles. Acompañadas del desarrollo de obras de infraestructura, siempre que estas estén dotadas de adecuados instrumentos de gestión y gobernanza, que eviten su transformación en herramientas de aceleración descontrolada de la depredación de bosques, suelos y ríos. Reproponiendo, con la activa participación de los pobladores indígenas, ribereños y mestizos, nuevas formas de desarrollo territorial que contribuyan a mitigar los impactos que han afectado su territorio y los recursos que garantizaban las formas de vida ancestrales, sustentadas en la caza, la pesca y la recolección, acompañadas por el cultivo en las chacras. Alternativas que exploren y planteen la remediación de la degradación territorial y, por otra parte, impidan caer en la pasiva aceptación como únicas salidas del desarrollo, en la minería (formal e informal), la extracción de hidrocarburos, o en otras prácticas que desencadenan la degradación ambiental (como la deforestación o el cultivo y procesamiento de la coca para el narcotráfico) y, salvando las distancias, poniendo en cuestión los emprendimientos agroindustriales que comprometen grandes extensiones de territorio con la práctica del monocultivo, como el de la palma aceitera, que significan la imposición de un “desierto verde” en los términos de la extinción de la diversidad ecológica propia de los territorios amazónicos.

En este marco, un gran reto es como orientar y hacer efectivo el uso del canon regional para impulsar la construcción de nuevas plataformas de desarrollo que respondan a las aspiraciones de los pueblos amazónicos, que eviten caer en el asistencialismo, en la aculturación forzada y en la creciente dependencia de la monetarización, que disuelve los lazos comunales de reciprocidad, entre otros aspectos.

Como arquitectos, urbanistas y territorialistas debemos integrarnos al análisis y la búsqueda de las mejores soluciones, a la concepción de las propuestas proyectuales pertinentes, a través del despliegue de nuestras herramientas naturales de intervención: el proyecto arquitectónico, el proyecto territorial. Bajo el concepto de que así como en las entidades urbanas sigue vigente la demanda por el derecho a la ciudad (Lefebvre 1978), este no será completo si no lo integramos al reclamo por el derecho al territorio.


Fig. 6 -  Embarcadero en Santa María de Nieva (Foto J. Canziani 2012). 


Bibliografia

BELAUNDE Luisa Elvira
2011                La mujer indígena en la colonización amazónica: ruptura de la masculinidad, tránsitos y nuevos espacios políticos. En Mujer rural: cambios y persistencias. Lima: CEPES, pp. 181-206.
CHIRIF Alberto
2006                Prólogo. A casi 40 años de La sal de los cerros, en Varese, Stefano,  La sal de los cerros: resistencia y utopía en la Amazonía peruana. 4ta. Edición. Lima: Fondo editorial del congreso del Perú, pp. xix- xlix.

DOUROJEANNI Marc, BARANDIARÁN Alberto y DOUROJEANNI Diego
2010                Amazonía peruana en 2021. Lima: SPDA, Pro-naturaleza.

ESPINOZA Oscar
2007                Los pueblos indígenas de la Amazonía peruana ante los desafíos de la globalización. En Haour, Bernardo (compilador). Apertura a la globalización: desafíos y oportunidades en el Perú. Lima: Universidad Ruiz de Montoya.

GARCÍA Jaime y ANTEZANA Jaime
2009                Diagnóstico de la Situación del Desvío de IQ al Narcotráfico. Lima: ConsultAndes, Devida.

LEFEVRE Henri
1978                El derecho a la ciudad. Barcelona: Ed. Península.

SURRALLÉS Alexandre y GARCÍA HIERRO Pedro (Editores)
2004                Tierra Adentro: Territorio indígena y percepción del entorno. Copenhague: IWGIA.

VIVEIROS DE CASTRO Eduardo
2004                Perspectivismo y multiculturalismo en la América indígena”. En Surrallés A. y García Hierro P. (eds.), Tierra Adentro: Territorio indígena y percepción del entorno. Copenhague: IWGIA, pp. 37-88.


 
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