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Shipibo Urbano – Investigación y Proyecto de Fin de Carrera

Javier Lazarte

Cuando uno ingresa a la selva acompañado de pobladores de la zona, se encuentra en un entorno donde sólo existen bosques, ríos, animales y plantas exóticas; entonces se percibe que todo tiene un orden y que todos los que viven allí están en su naturaleza común. En cambio, cuando uno viaja en Lima por la Vía Evitamiento, llega al paradero Setame, en la zona conocida como Cantagallo (frente al cerro San Cristóbal) y encuentra una comunidad indígena de shipibos bien organizada, uno queda muy asombrado y se pregunta ¿Cómo sucedió? ¿Por qué están allí? En sus viviendas se pueden ver dibujos Kene (1), muchos de sus habitantes son artesanos, otros son artistas, existen desde curanderos hasta profesores bilingües (shipibo-español). Entonces, se entiende que esta pequeña parte de la ciudad es, al mismo tiempo, reflejo de esta cultura específica.

Hoy la comunidad está conformada por 289 familias (2), cuentan con una escuela bilingüe y están en proceso de reubicación ya que en la zona donde viven está prevista la construcción del Parque Cantagallo (3), el cual forma parte de un proyecto mayor: Vía Parque Rímac (4). En ese contexto cabe preguntarse de qué manera debe vivir una comunidad rural amazónica en una ciudad desértica como Lima.


Este escenario me llevó a realizar una investigación en donde el hilo conductor fue la hipótesis de la existencia de un patrón de asentamiento shipibo que debió ser adaptado a la ciudad. Se intenta encontrar índices de comportamiento en el medio construido, para ello el estudio se realizó en dos dimensiones: la colectiva y la íntima. En la primera se analiza la vida en comunidades shipiba selváticas y en Cantagallo, de esa manera se identifican mecanismos de asociación, identidad y modelos de crecimiento que puedan ser adaptados en el proyecto. En la segunda, se analizan las viviendas y la importancia de un espacio social exterior.

DIMENSIÓN COLECTIVA

En la selva, el río es el principal flujo de comunicación. Gracias a él, todas las comunidades generan redes de apoyo, intercambian productos o simplemente se movilizan de algún lugar a otro. El patrón de asentamiento está ligado a las redes de parentesco y a las prácticas espaciales de la comunidad respecto al río. Así, desde el río existe un camino en forma perpendicular, al final del cual se llega a un gran espacio colectivo –Espacio social primario- el cual está acoplado a una calle principal que organiza los diferentes subespacios familiares –Espacio social secundario- en cuyos frentes se encuentran las viviendas.

En este patrón se puede observar una transición gradual de lo público a lo privado a través de las distintas escalas espaciales de la conformación urbana. La gran plaza, rodeada de equipamiento comunitario (llámese escuela o local comunal); la calle, que relaciona los subespacios familiares; y finalmente, el espacio social doméstico, el cual consiste en una extensión de la casa que permite exteriorizar la sala o espacio social familiar. Todo ello concede riqueza en los grados de privacidad y promueve la interacción en la comunidad.

En Cantagallo se puede diferenciar tres zonas distintas: en la primera, más próximo a la Vía Evitamiento, se ubica el Mercado de Malvinas; en la segunda, existen viviendas taller y habitan algunos shipibos y mestizos; en la tercera, se ubican viviendas exclusivamente de shipibos. Existen tres ingresos: dos peatonales y uno vehicular. Para ambos ingresos se debe recorrer distancias bastante largas, por lo que representan filtros, sin embargo cada una tiene características particulares. En cuanto escala y actividades en su recorrido.

DIMENSIÓN ÍNTIMA

La calle se convierte en el espacio público por excelencia. Los subespacios familiares de la selva, se yuxtaponen en Cantagallo; por ello, en la calle se exteriorizan muchas de las actividades de la casa como la sala, la cocina y el área de trabajo. De esta manera, se reinterpretan prácticas espaciales de la selva. Cuando uno camina por Cantagallo es muy común ver muchas cocinas caseras que funcionan con carbón en la puerta de las viviendas, o tal vez alguna mesa con objetos o bancas para sentarse.

La forma del asentamiento en Cantagallo ha sido una evolución constante, las estrategias que han adoptado los shipibos ha sido otorgar cierto grado de libertad en modificar su medio ambiente para evitar el stress urbano, un ejemplo de ello es la materialidad que usan en sus viviendas, algunas de caña para representar espacios selváticos; otras veces pintan sus fachadas para otorgarle sentido de identidad; han sabido ubicarse en el centro de la urbe, pero, al mismo tiempo, en un espacio lo suficientemente distante de la trama urbana. Las calles han ido adecuándose a las necesidades de los pobladores, de modo que en un momento del día puede ser cocina, por la tarde sala, un fin de semana estar de reunión, etc.; de esta manera pueden modificar el espacios a través de elementos móviles para generar diversos lugares.

A partir de esta investigación se plantean una serie de cuestionamientos para repensar cómo puede ser la vivienda hoy para esta población tan particular. El proyecto tiene la intención que la relación entre el espacio colectivo y la vivienda tenga la capacidad de ofrecer lo simbólico y cultural a la vida urbana; una necesidad indispensable de memoria colectiva; asimismo es una hipótesis para consolidar la ciudad frente al río, un pretexto para repensar el borde.

POSICIÓN Y PARTIDO


La primera pregunta que surge es: ¿Dónde deben ser reubicados? Lo común frente a un proceso de reasentamiento es ser llevados a la periferia de la ciudad (bajo el artificial pretexto de existir “más espacio libre”), pero mi posición frente a ello era evitarlo. La razón es bastante lógica; las  condiciones actuales de estos espacios tienen muchos problemas, entre ellos la baja resistencia de los suelos, lejanía de las zonas productivas y lugares de trabajo, menor oportunidad de acceso al transporte público y dificultad para alcanzar las redes de agua y desagüe.

Por ello, la idea es propiciar el crecimiento interno, compactando la ciudad y aprovechando su infraestructura instalada en términos de redes de agua potable, equipamiento y accesibilidad. Asimismo se pueden conservar las dinámicas de uso del espacio que los shipibos han desarrollado todos estos años de experiencia en Lima. Para este fin, una de las posibilidades es utilizar uno de los terrenos destinados para vivienda dentro del Plan del Proyecto Vía Parque Rímac y así  favorecer nuevas relaciones urbanas entre la ciudad existente, la nueva área urbana y el río Rímac.

ESCALA URBANA


La mayor cantidad de proyectos de vivienda por parte del Estado tienen un denominador común, aprovechar el máximo al espacio construible en desmedro de otros aspectos importantes, y  por ello tienden a simplemente apilar las viviendas unas sobre otras. De esta manera (in)voluntaria se crean proyectos que incentivan el aislamiento, las viviendas no se relacionan unas con otras y las reuniones de propietarios terminan siendo la única excusa para conocer vecinos.
En la selva la vivienda siempre ha estado ligada a la calle. Son las plazas, las calles y las terrazas los componentes de interacción que hacen que el sistema funcione.
Entonces, el proyecto se articula a partir de estos mecanismo: plaza, calle y terraza; con lo cual la planta baja, media y alta se relacionan de manera horizontal y vertical a partir de espacios que buscan ofrecer colectividad. En todo el proyecto se plantean equipamientos como colegio, lavandería comunal, estacionamiento, área deportiva y sala comunal para poder satisfacer las necesidades del grupo; asimismo en el primer nivel de vivienda se ha acondicionado áreas para comercio con el fin de activar el espacio público y ofrecer la capacidad de generar ingresos económicos para las familias.

VIVIENDA FLEXIBLE


Otra característica de las viviendas construidas en las últimas décadas se refiere a la poca (o nula) posibilidad de adaptación que ofrecen. Las viviendas en general se construyen con todos los espacios distribuidos y los materiales de acabados instalados. Con ello se generan dos situaciones. Por un lado el precio de la vivienda aumenta, y por consiguiente disminuye la posibilidad que personas de bajos recursos accedan a ellas. Por otro lado, la vivienda no permite los cambios que una familia experimenta con los años (mayor número de integrantes  e ingresos económicos).

El proyecto se piensa como una vivienda semilla flexible. Los núcleos de servicios (baños y escaleras) se agrupan en un lado y se ofrece, en toda el área restante, un mínimo de 6 opciones de crecimiento espontáneo (que puede variar de familia en familia). Además, al ser inacabada, brinda la posibilidad de personalizar la vivienda al escoger los acabados finales permitiendo así la apropiación del espacio. Finalmente, el área construida puede aumentar ya que frece posibilidad de crecimiento en los casos de vivienda dúplex.

MATERIALIDAD


Muchas de las viviendas en Cantagallo están pintadas con dibujos Kene; las líneas y dibujos contienen símbolos y códigos propios de la cultura shipiba por lo tanto sirven como mecanismo de identidad frente a otros (diferencia) y consigo mismos (semejanza).
En el proyecto la materialidad del cerramiento de las viviendas es la madera machihembrada. Se generan  “lienzos” de madera que los habitantes pueden usar para plasmar el kene, así apropiarse poco a poco su espacio habitable. Con el mismo concepto de generar memoria colectiva se diseñaron adoquines de concreto que simulan el patrón con el cual ellos llenan algunos espacios de sus lienzos kene.

CLARIDAD FÍSICA

“Si nuestro objetivo consiste en construir ciudades para el goce de grandes grupos de personas con antecedentes sumamente diversos – y ciudades que, además, sean adaptables para propósitos futuros-, mostraremos sensatez si concentramos atención en la claridad física de la imagen y que el significado se desarrolle sin nuestra guía directa… ” (5)

El aspecto cultural es en definitiva el denominador común de toda la propuesta presentada. En  este  sentido,  el  espacio  conformado  por  lo  permanente  (módulo de vivienda) tiene una fuerza, potencia y claridad tal que permite flexibilidad en su configuración espacial interior. El espacio tiene tal fuerza que logra albergar el frenesí del día a día familiar. Tanto la dimensión  íntima  como  dimensión  colectiva  se  conjugan  para  formar  una  sola propuesta en el caso de la vivienda. La plaza, calle y terraza deben,  al mismo tiempo,  servir para reunir y para aislar. Facilitar en los futuros habitantes la generación de memoria colectiva.
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(1)     El kené es el término que, en lengua shipiba, designa al característico sistema de diseño del pueblo shipibo-konibo y que se expresa sobre diversos soportes como tela, madera y cerámica. Declarado Patrimonio Cultural de la Nación según resolución del INC (RDN No. 540/INC – 16, abril, 2008).
(2)     Población aproximada, ya que a la fecha, todavía no se cuenta con los datos del Censo que elaboró Datum en Julio del 2012.
(3)     Futuro parque de 25 hectáreas de áreas verdes, infraestructura deportiva, recreativa y comercial localizada en Cantagallo (Km 6.5 de la vía Evitamiento).
(4)     Proyecto que comprende la construcción de nuevas vías, aumento de áreas verdes y mejoramiento de condiciones ambientales de 6 Km del Río Rímac.
(5)     Lynch, K. (1974). La imagen de la ciudad. Buenos Aires. Ediciones Infinito.

P



PPANELES DEL CONCURSO TIL_TALLER DE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANO DONDE LA PROPUESTA DE JAVIER LAZARTE FUE SELECCIONADA





Museo de Paleontología. Costa Verde, Lima - Proyecto de Fin de Carrera

Martín Montañez






Contexto

Si se presta atención a las caras de los farallones de la Costa Verde es posible apreciar una serie de líneas y texturas producto de los estratos y sedimentos que se han ido acumulando a lo largo de millones de años. Por ello, la masa del acantilado es un elemento que permite medir el tiempo. Así pues, se puede hacer un recorrido vertical por las diferentes eras geológicas comenzando en la parte baja, en donde se encuentran depositados los sedimentos más antiguos, y terminar en la parte alta de la ciudad, la cual representa el presente.

Programa

Partiendo con esta observación, se decidió llevar a cabo una investigación que permita relacionar esta particularidad del acantilado con un hecho o situación afín a las ciencias geológicas. Como resultado, se concluyó que la paleontología, ciencia que estudia los seres vivos que habitaron nuestro planeta en eras pasadas, ofrecía los elementos necesarios para vincular el estudio del pasado con los acantilados de la Costa Verde al enfatizar las épocas extintas en su composición morfológica.

La siguiente etapa de la investigación se centró en conocer la situación de la paleontología en el país. Se descubrió que el Perú posee una de las mayores diversidades de fósiles en América en tanto es posible encontrar una amplia variedad de especies extintas desde Piura hasta Puno.

A partir de esto, se decidió proponer la creación de un museo que pueda acoger las piezas más valiosas en un espacio que permita comprender en perspectiva histórica la evolución de las especies extintas, con la verticalidad de los acantilados de la Costa Verde como herramienta de medición temporal.

Lugar


La elección del lugar se realiza a partir una serie de premisas. La más importante es ubicar el museo en una de las bajadas de la Costa verde sin irrumpir en el acantilado pues ello significaría no solo la transformación del lugar sino también un atentado para la composición de los farallones que han sido labrados por la naturaleza durante miles de años. No obstante, todas las bajadas han sido transformadas durante la implementación de la pista de la Costa Verde, por lo que resultan lugares ideales para intervenir ya que no se atenta contra una morfología natural sino contra andenes construidos en la década de 1960. Por otra parte, la presencia de la pista en la Costa Verde facilita la accesibilidad al lugar sin tener que afectar las calles de las zonas residenciales, la misma bajada funcionaría eficientemente como llegada al museo, pues al tener una sección importante, no resultaría un problema el manejo de flujos. Finalmente, la ubicación del museo generaría un recorrido prolongado desde la ciudad que disociaría el local de la trama urbana, con lo cual aquel sería percibido como un lugar y no como un edificio más.

Se concluyó que la Quebrada de Armendáriz es el lugar ideal para la ubicación del museo. Así pues, las principales características de la Bajada de Armendáriz son su excelente accesibilidad, tiene nodos y paraderos importantes a poca distancia, la ausencia de programas consolidados en ella como el resto de las bajadas, lo cual genera desde el inicio de su descenso un aislamiento de la ciudad más prolongado, y una topografía amigable puesto que posee laderas menos verticales y superficie suficiente para acoger un edificio.

Estrategia

Una vez establecidos estos parámetros se propone un método constructivo que vaya acorde con las particularidades del terreno y que, a su vez, posibilite descender en él generando cavidades en las cuales se puedan exponer las piezas. Con ello se produciría un contexto en el cual las piezas estarían expuestas en espacios acordes con su tiempo. Así mismo se toma en cuenta que si bien el acantilado posee buena resistencia a cargas portantes, éste igualmente ejercerá cargas laterales sobre el edificio. De la misma manera, se considera que la composición del acantilado hace que el desprendimiento de tierra y piedras sea frecuente, sobre todo en casos de sismos o vibraciones. Para ello se plantean el uso de unidades cilíndricas que permitan absorber los esfuerzos laterales de compresión, generando en determinada posición espacios de recorrido entre ellos. A su vez, al ser elementos verticales, éstas permiten trazar diversas profundidades de acuerdo a lo que se expondrá en su interior generando niveles de aislamiento y escalas que permitan diferenciar períodos geológicos. Cada cilindro acoge un ecosistema extinto y, en su interior, una circulación vertical que lleva de la parte más profunda a la más superior o viceversa.

Diseño


Con los elementos del edificio definidos, se inició el diseño de este. Para ello se decidió ubicar los cilindros de manera tal que narren la relación de ecosistemas y antigüedad en que se encuentran unas piezas respecto a otras. Para poder generar un recorrido entre los cilindros se propone alterar la sección de algunos, convirtiéndolos en cóncavos y convexos, con lo cual se podría generar pases entre ellos y así acceder a espacios de transición entre las salas. A ellos se suman cilindros patio como lugares de descanso y exposición al aire libre dentro del recorrido.


Una vez establecidos los cilindros en el terreno, se tiene una contención de la parte alta de la ladera.  A partir de ello se plantea ubicar en la parte baja un bloque de servicios que aloje el hall de ingreso, un área de exhibición temporal para exposiciones itinerantes, servicios para los visitantes, laboratorios, depósitos para la colección y una zona de abastecimiento que se comunique con la vía de la quebrada. Con ello se propone una dualidad entre el bloque de salas que funciona como contención y el bloque de servicios, que al no tener que soportar esfuerzos laterales, se compone con áreas ortogonales que permiten una mejor funcionalidad para acoger espacios servidores.


Edificio



Todos los caminos de la Quebrada de Armendáriz llevan a uno solo que desemboca en un corredor, compuesto por un muro y un tajo abierto, que a su vez conducen a una plaza ubicada encima del bloque de servicios del edificio. Esta plaza posee una serie de tubos enterrados que permiten al usuario ver hacia abajo las piezas alojadas en la sala de exposiciones temporales, lo cual funciona también como un atrio y conforma un espacio público para el lugar. Para acceder al  museo se puede descender por medio de escaleras o un elevador que va mostrando los estratos durante el recorrido con la finalidad de familiarizar al visitante con lo que va a  encontrar en el museo.


Desde el hall se accede al corredor de distribución, en el cual se elige que sala visitar para empezar el ascenso y descenso por los cilindros. Si bien los patios son lugares de descanso y exposición de piezas al aire libre, su función principal es acoger a los grupos guiados antes de ingresar a la siguiente sala y, de esta forma, mantener un orden entre los diversos grupos de visitantes. Las piezas expuestas se ubican en los muros de cada cilindro  de manera cronológica, mientras que la infografía se ubica en una barra que se encuentra a lo largo de toda la espiral y que funciona a su vez como una gran línea de tiempo recorrible.  



Reúso


Ricardo Bofill demostró la versatilidad de los cilindros hace más de 30 años, cuando en Barcelona reutilizó unos silos que almacenaban cemento para ubicar sus oficinas en ellos. Con esto se demuestra que es completamente factible hacerlo. Lo que el edificio plantea es generar algo inverso, el cilindro que funciona como edificio tal vez pueda funcionar como un silo en un futuro lejano. Las posibilidades son muchas como la de, por ejemplo, ser utilizados como tanques de agua de una planta desalinizadora cuando dentro de 200 años el planeta se quede sin agua dulce, sin que esto tenga que afectar una transformación importante de la volumetría y el paisaje de la Costa Verde.

Fenomenología del tránsito vehicular_ Frederick Cooper


La República
Sabado, 11 de febrero de 2012 | 5:00 am


No cabe duda de que uno de los problemas centrales de Lima –como el de muchas otras metrópolis contemporáneas– es el del tránsito vehicular. La cuestión central radica, fundamentalmente, en la insurgencia del rol que ha ido adquiriendo el automóvil de uso privado en desmedro del ciudadano, respecto al manejo de la infraestructura de la actividad urbana. Esta transferencia –que se ha producido en un breve tiempo– ha ido implantándose por lo general sobre vías públicas acuñadas muchísimo antes de que el automóvil irrumpiera en la escena urbana. La curva ascendente de su crecimiento pudo por lo tanto absorber al principio confortablemente su lenta intrusión en infraestructuras de calles y plazas concebidas originalmente para el peatón, o su envergadura funcional y pública.

Al irse acentuando muy marcadamente las últimas décadas su incorporación a unas redes viales concebidas para el ser humano (o para carruajes y recuas de uso esporádico), se ha ido atrofiando un aspecto básico de la vida urbana: dotar a los habitantes de una ciudad con vías mediante las cuales pueda desplazarse eficientemente. Subrepticiamente el auto privado se ha ido entrometiendo en una estructura que tiene su origen en los balbuceos de la humanidad, al introducirse abusivamente en un organismo que ha evolucionado hasta nuestro tiempo como la entidad que ha propiciado el advenimiento de aquel intercambio a través del cual fue civilizándose, un largo proceso que nos ha legado la espléndida herencia de hermosas ciudades que aún celebramos como paradigmas de un modo de vida fecundo y equilibrado.

La incursión del auto ha distorsionado las premisas básicas de aquella armonía. De un lado, porque al irrumpir progresiva y crecientemente en la vialidad de una plantilla –como es la ciudad– concebida para un usuario pausado y gregario, como el peatón, por lo general ha esclerosado sus flujos vitales, trabando así el funcionamiento de un organismo sin cuya empatía la vida social resulta atrofiada o inoperante.

La cuestión del tránsito debe por lo tanto encararse situando al vehículo de uso privado y motorizado como un recurso que ha suplantado la finalidad humana y social implícita en la concepción misma de la vida urbana. En cambio, en la actualidad el manejo urbano le ha conferido un rol prioritario, al circunscribir sus motivaciones a brindarle cauces siempre más holgados, intercambios fluidos o una amplitud que ha debilitado insensatamente el sentido nuclear que el centro o barrio deben aportar para el equilibrio psíquico y social de sus vecindarios.

No cabe, por cierto, la erradicación del auto privado sin antes dotar al orden urbano con modalidades de transporte público que suplanten eficientemente a su hegemonía como único medio para desplazarse dentro de una urbe. Tampoco es viable afrontar su predominancia sin implementar medios disuasivos que atenúen muy drásticamente su uso irrestricto, un vicio que excede por cierto su rol funcional, y que se ha extendido por ser igualmente una expresión de rango social, o un paliativo para la ansiedad afectiva o psíquica de los ciudadanos.

No hay, pues, atenuante a la destrucción del sentido urbano que ha acarreado la intromisión del auto privado, que no pase por recuperar para el individuo su rol protagónico en la vida urbana, dotando a su ser social con la infraestructura de un transporte público que no sólo aplaque al uso irrestricto, sino restituya el sentido gregario que es consustancial a la vida urbana.

Se trata, evidentemente, de una premisa que sitúa al tránsito como un problema que emana de una distorsión que debe afrontarse ante todo conceptualmente. En otras palabras, seguir entendiendo un aspecto básico del orden urbano –como es el desplazamiento de sus habitantes– como un asunto que atañe fundamentalmente a hacer más fluido el tránsito de autos privados (haciendo autovías, creando intercambios o regimentando sus desplazamientos) en vez de dotarlo de infraestructuras más ágiles y más confortables seguirá agravando la saturación de nuestras ciudades por parte de un ingrediente que ha pervertido al orden urbano.

La fragmentación urbana _ por Frederick Cooper

Extraido de La República
Sabado, 18 de febrero de 2012 | 5:00 am


El manejo noticioso de la información periodística suele deconstruir cuestiones de interés público a efectos de reducirla a segmentos que atraigan a las clientelas esquivas de la producción mediática. Un tema en que este manejo se aprecia notoriamente es aquel de la ciudad, una entidad muy compleja que la información aborda siempre fragmentariamente, de suerte que el espectro tan amplio como entramado de la envergadura urbana deja de ser percibido como una realidad orgánica imposible de entender –y menos administrar– sin abarcar al conjunto de la amplitud y la entraña de sus funciones vitales.

Lima constituye un caso extremo de esa disociación, al constituir una urbe que es tratada por los medios según la notoriedad de aquellas incidencias –aleatorias o políticas– que provean a la prensa o a la TV con material cautivante, asuntos que al ser tratados fuera del contexto orgánico que compete a una ciudad, inducen a suponer que su manejo urbanístico puede también fragmentarse, dando a entender que es posible resolver eficazmente aspectos fundamentales de la infraestructura urbana tratándolos puntualmente, vale decir atendiéndolos de manera inorgánica.

Esta costumbre mediática impone a los municipios un comportamiento errático o igualmente fragmentado, dejando así de exigirles partir de planes orgánicos, que claramente den cuenta de que la gestión urbana debe ser siempre integral, puesto que una ciudad constituye un organismo que exige ser conducido en forma sincronizada para servir cabalmente a sus sumisos usuarios.

La identidad gregaria propia de toda ciudad no sólo es imprescindible para urdir eficazmente los servicios que requieren sus poblaciones dinámicas. Es también una premisa para forjar un consenso sin el cual una ciudad aliena a sus habitantes, al dejar de proveerles un soporte emocional que les permita entender a todo el contexto urbano como un conglomerado que lo nutre humanamente, una matriz sustancial que le permita ubicarse física y psíquicamente, instituyéndose así como el ámbito espacial que equilibra su existencia. La falta de un sentido visionario y concurrente de la realidad urbana propicia descomponer la sintonía social, sin la cual una ciudad se torna agreste y ajena.

Es claramente el caso de Lima, una ciudad que congrega a ciudadanos formales, y a otros informales que subsisten disociados de su manejo urbanístico, como son todos aquellos que mayoritariamente habitan en sus barrios marginales, dentro de unas periferias que poco tienen que ver con los anuncios erráticos de grandes inversiones públicas (víctimas de una expansión desbocada que nunca recabó por parte de la acción estatal el diagnóstico complejo ni menos el liderazgo que hubiera permitido acoger la inmigración proveniente de la Sierra con una estrategia urbana que fuera incorporándola a una ciudad en expansión, debidamente asumida por una noción social lúcida e incluyente). Fruto de esa ineptitud es la extrema raleza de la densidad de Lima, un anemia suburbana que impone a la población la extensión patológica de sus redes de servicios, una amplitud insensata que insume unas madejas de calles y tuberías que no sólo acarrean un enorme desperdicio de tiempo, agua y combustible, sino que hacen imposible dotar de seguridad a sus distantes viviendas.

Esta crasa injusticia segrega naturalmente a la población más pobre, aquella a la que se impone vivir en los extramuros, una discriminación que se lee claramente en el magro suministro de servicios esenciales que un miserable habitante recibe de ayuntamientos ajenos a un planeamiento integral e inclusivo de los recursos urbanos. Basta echar un vistazo a un paraje agreste de algunos de esos suburbios para apreciar claramente que la construcción de puentes, malecones o viaductos constituyen obras públicas que poco tienen que ver con el bienestar exiguo que tendría que fluir hacia la ciudadanía apostada en las distantes laderas de los cerros aledaños, de conducirse la urbe como una ciudad continua, regida integralmente en base a un plan congruente, y no improvisadamente, realizando obras públicas inconexas y fortuitas de escasa trascendencia para la salud efectiva de su humilde mayoría.

Centro Abierto - Intervenciones en el centro de Lima

Me encontraba ayer caminando por el centro de Lima. De pronto al llegar a la Plaza San Martín pude observar las intervenciones que se habían hecho con motivo de Centro Abierto. Intervenciones en el Centro Histórico de Lima.


Las intervenciones están bastante bien fundamentadas y explicadas en la pagina web www.centroabierto.org/

Vayan a dar una vuelta y conozcan su ciudad!

Saludos
 
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