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Shipibo Urbano – Investigación y Proyecto de Fin de Carrera
Etiquetas: #4 HABITAR LA AMAZONÍA, Cantagallo, desierto, Javier Lazarte, lima, PFC-FAU-PUCP
Javier Lazarte
Cuando uno ingresa a la selva acompañado de pobladores de la
zona, se encuentra en un entorno donde sólo existen bosques, ríos, animales y
plantas exóticas; entonces se percibe que todo tiene un orden y que todos los
que viven allí están en su naturaleza común. En cambio, cuando uno viaja en
Lima por la Vía Evitamiento, llega al paradero Setame, en la zona conocida como Cantagallo (frente al cerro San
Cristóbal) y encuentra una comunidad indígena de shipibos bien organizada, uno
queda muy asombrado y se pregunta ¿Cómo sucedió? ¿Por qué están allí? En sus
viviendas se pueden ver dibujos Kene (1),
muchos de sus habitantes son artesanos, otros son artistas, existen desde
curanderos hasta profesores bilingües (shipibo-español). Entonces, se entiende
que esta pequeña parte de la ciudad es, al mismo tiempo, reflejo de esta
cultura específica.
Hoy la comunidad está conformada por 289 familias (2),
cuentan con una escuela bilingüe y están en proceso de reubicación ya que en la
zona donde viven está prevista la construcción del Parque Cantagallo (3), el
cual forma parte de un proyecto mayor: Vía Parque Rímac (4). En ese contexto cabe preguntarse de qué
manera debe vivir una comunidad rural amazónica en una ciudad desértica como
Lima.
Este escenario me llevó a realizar una investigación en donde el hilo
conductor fue la hipótesis de la existencia de un patrón de asentamiento
shipibo que debió ser adaptado a la ciudad. Se intenta encontrar índices de
comportamiento en el medio construido, para ello el estudio se realizó en dos
dimensiones: la colectiva y la íntima. En la primera se analiza la vida en
comunidades shipiba selváticas y en Cantagallo, de esa manera se identifican
mecanismos de asociación, identidad y modelos de crecimiento que puedan ser
adaptados en el proyecto. En la segunda, se analizan las viviendas y la
importancia de un espacio social exterior.
En la selva, el río es el principal flujo de comunicación.
Gracias a él, todas las comunidades generan redes de apoyo, intercambian
productos o simplemente se movilizan de algún lugar a otro. El patrón de asentamiento
está ligado a las redes de parentesco y a las prácticas espaciales de la
comunidad respecto al río. Así, desde el río existe un camino en forma
perpendicular, al final del cual se llega a un gran espacio colectivo –Espacio
social primario- el cual está acoplado a una calle principal que organiza los
diferentes subespacios familiares –Espacio social secundario- en cuyos frentes
se encuentran las viviendas.
En este patrón se puede observar
una transición gradual de lo público a lo privado a través de las distintas escalas
espaciales de la conformación urbana. La gran plaza, rodeada de equipamiento
comunitario (llámese escuela o local comunal); la calle, que relaciona los
subespacios familiares; y finalmente, el espacio social doméstico, el cual
consiste en una extensión de la casa que permite exteriorizar la sala o espacio
social familiar. Todo ello concede riqueza en los grados de privacidad y
promueve la interacción en la comunidad.
En Cantagallo se puede diferenciar tres zonas distintas: en la
primera, más próximo a la Vía Evitamiento, se ubica el Mercado de Malvinas; en
la segunda, existen viviendas taller y habitan algunos shipibos y mestizos; en
la tercera, se ubican viviendas exclusivamente de shipibos. Existen tres
ingresos: dos peatonales y uno vehicular. Para ambos ingresos se debe recorrer
distancias bastante largas, por lo que representan filtros, sin embargo cada
una tiene características particulares. En cuanto escala y actividades en su
recorrido.
DIMENSIÓN ÍNTIMA
La calle se convierte en el
espacio público por excelencia. Los subespacios familiares de la selva, se
yuxtaponen en Cantagallo; por ello, en la calle se exteriorizan muchas de las
actividades de la casa como la sala, la cocina y el área de trabajo. De esta
manera, se reinterpretan prácticas espaciales de la selva. Cuando uno camina
por Cantagallo es muy común ver muchas cocinas caseras que funcionan con carbón
en la puerta de las viviendas, o tal vez alguna mesa con objetos o bancas para
sentarse.
La
forma del asentamiento en Cantagallo ha sido una evolución constante, las
estrategias que han adoptado los shipibos ha sido otorgar cierto grado de
libertad en modificar su medio ambiente para evitar el stress urbano, un
ejemplo de ello es la materialidad que usan en sus viviendas, algunas de caña
para representar espacios selváticos; otras veces pintan sus fachadas para
otorgarle sentido de identidad; han sabido ubicarse en el centro de la urbe,
pero, al mismo tiempo, en un espacio lo suficientemente distante de la trama
urbana. Las calles han ido adecuándose a las necesidades de los pobladores, de
modo que en un momento del día puede ser cocina, por la tarde sala, un fin de
semana estar de reunión, etc.; de esta manera pueden modificar el espacios a
través de elementos móviles para generar diversos lugares.
A partir de esta investigación se plantean una serie de cuestionamientos
para repensar cómo puede ser la vivienda hoy para esta población tan particular.
El proyecto tiene la intención que la relación entre el espacio colectivo y la
vivienda tenga la capacidad de ofrecer lo simbólico y cultural a la vida
urbana; una necesidad indispensable de memoria colectiva; asimismo es una
hipótesis para consolidar la ciudad frente al río, un pretexto para repensar el
borde.
POSICIÓN Y PARTIDO
La primera pregunta que surge es: ¿Dónde deben ser reubicados? Lo común
frente a un proceso de reasentamiento es ser llevados a la periferia de la
ciudad (bajo el artificial pretexto de existir “más espacio libre”), pero mi
posición frente a ello era evitarlo. La razón es bastante lógica; las condiciones actuales de estos espacios tienen
muchos problemas, entre ellos la baja resistencia de los suelos, lejanía de las
zonas productivas y lugares de trabajo, menor oportunidad de acceso al
transporte público y dificultad para alcanzar las redes de agua y desagüe.
Por ello, la idea es propiciar el crecimiento interno, compactando la
ciudad y aprovechando su infraestructura instalada en términos de redes de agua
potable, equipamiento y accesibilidad. Asimismo se pueden conservar las
dinámicas de uso del espacio que los shipibos han desarrollado todos estos años
de experiencia en Lima. Para este fin, una de las posibilidades es utilizar uno
de los terrenos destinados para vivienda dentro del Plan del Proyecto Vía
Parque Rímac y así favorecer nuevas
relaciones urbanas entre la ciudad existente, la nueva área urbana y el río
Rímac.
ESCALA URBANA
La mayor cantidad de proyectos de vivienda por parte del Estado tienen
un denominador común, aprovechar el máximo al espacio construible en desmedro
de otros aspectos importantes, y por
ello tienden a simplemente apilar las viviendas unas sobre otras. De esta
manera (in)voluntaria se crean proyectos que incentivan el aislamiento, las
viviendas no se relacionan unas con otras y las reuniones de propietarios
terminan siendo la única excusa para conocer vecinos.
En la selva la vivienda siempre ha estado ligada a la calle. Son las
plazas, las calles y las terrazas los componentes de interacción que hacen que
el sistema funcione.
Entonces, el proyecto se articula a partir de estos mecanismo: plaza,
calle y terraza; con lo cual la planta baja, media y alta se relacionan de
manera horizontal y vertical a partir de espacios que buscan ofrecer
colectividad. En todo el proyecto se plantean equipamientos como colegio,
lavandería comunal, estacionamiento, área deportiva y sala comunal para poder
satisfacer las necesidades del grupo; asimismo en el primer nivel de vivienda se
ha acondicionado áreas para comercio con el fin de activar el espacio público y
ofrecer la capacidad de generar ingresos económicos para las familias.
VIVIENDA FLEXIBLE
Otra característica de las viviendas construidas en las últimas décadas
se refiere a la poca (o nula) posibilidad de adaptación que ofrecen. Las
viviendas en general se construyen con todos los espacios distribuidos y los
materiales de acabados instalados. Con ello se generan dos situaciones. Por un
lado el precio de la vivienda aumenta, y por consiguiente disminuye la
posibilidad que personas de bajos recursos accedan a ellas. Por otro lado, la
vivienda no permite los cambios que una familia experimenta con los años (mayor
número de integrantes e ingresos
económicos).
El proyecto se piensa como una vivienda semilla flexible. Los núcleos de
servicios (baños y escaleras) se agrupan en un lado y se ofrece, en toda el
área restante, un mínimo de 6 opciones de crecimiento espontáneo (que puede
variar de familia en familia). Además, al ser inacabada, brinda la posibilidad
de personalizar la vivienda al escoger los acabados finales permitiendo así la
apropiación del espacio. Finalmente, el área construida puede aumentar ya que
frece posibilidad de crecimiento en los casos de vivienda dúplex.
MATERIALIDAD
Muchas de las viviendas en Cantagallo están pintadas con dibujos Kene; las líneas y dibujos contienen
símbolos y códigos propios de la cultura shipiba por lo tanto sirven como
mecanismo de identidad frente a otros (diferencia) y consigo mismos (semejanza).
En el proyecto la materialidad del cerramiento de las viviendas es la
madera machihembrada. Se generan
“lienzos” de madera que los habitantes pueden usar para plasmar el kene, así apropiarse poco a poco su
espacio habitable. Con el mismo concepto de generar memoria colectiva se
diseñaron adoquines de concreto que simulan el patrón con el cual ellos llenan algunos
espacios de sus lienzos kene.
CLARIDAD FÍSICA
“Si nuestro objetivo consiste
en construir ciudades para el goce de grandes grupos de personas con
antecedentes sumamente diversos – y ciudades que, además, sean adaptables para
propósitos futuros-, mostraremos sensatez si concentramos atención en la
claridad física de la imagen y que el significado se desarrolle sin nuestra
guía directa… ” (5)
El aspecto cultural es en definitiva el denominador común de toda la
propuesta presentada. En este sentido,
el espacio conformado
por lo permanente
(módulo de vivienda) tiene una fuerza, potencia y claridad tal que
permite flexibilidad en su configuración espacial interior. El espacio tiene
tal fuerza que logra albergar el frenesí del día a día familiar. Tanto la dimensión íntima
como dimensión colectiva
se conjugan para
formar una sola propuesta en el caso de la vivienda. La
plaza, calle y terraza deben, al mismo
tiempo, servir para reunir y para
aislar. Facilitar en los futuros habitantes la generación de memoria colectiva.
______________________________________________________________________________
(1) El kené es el término que, en lengua
shipiba, designa al característico sistema de diseño del pueblo shipibo-konibo
y que se expresa sobre diversos soportes como tela, madera y cerámica. Declarado
Patrimonio Cultural de la Nación según resolución del INC (RDN No. 540/INC –
16, abril, 2008).
(2) Población
aproximada, ya que a la fecha, todavía no se cuenta con los datos del Censo que
elaboró Datum en Julio del 2012.
(3) Futuro
parque de 25 hectáreas de áreas verdes, infraestructura deportiva, recreativa y
comercial localizada en Cantagallo (Km 6.5 de la vía Evitamiento).
(4) Proyecto que
comprende la construcción de nuevas vías, aumento de áreas verdes y
mejoramiento de condiciones ambientales de 6 Km del Río Rímac.
(5) Lynch, K.
(1974). La imagen de la ciudad. Buenos Aires. Ediciones Infinito.
P
PPANELES DEL CONCURSO TIL_TALLER DE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANO DONDE LA PROPUESTA DE JAVIER LAZARTE FUE SELECCIONADA
Publicado por
El CreArturo
en
viernes, 12 de septiembre de 2014
en
13:41
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Museo de Paleontología. Costa Verde, Lima - Proyecto de Fin de Carrera
Etiquetas: #5 HABITAR EL DESIERTO, costa verde, desierto, lima, Martin Montañez, PFC-FAU-PUCP
Martín Montañez
Contexto
Si
se presta atención a las caras de los farallones de la Costa Verde es posible
apreciar una serie de líneas y texturas producto de los estratos y sedimentos
que se han ido acumulando a lo largo de millones de años. Por ello, la masa del
acantilado es un elemento que permite medir el tiempo. Así pues, se puede hacer
un recorrido vertical por las diferentes eras geológicas comenzando en la parte
baja, en donde se encuentran depositados los sedimentos más antiguos, y
terminar en la parte alta de la ciudad, la cual representa el presente.
Programa
Partiendo
con esta observación, se decidió llevar a cabo una investigación que permita
relacionar esta particularidad del acantilado con un hecho o situación afín a
las ciencias geológicas. Como resultado, se concluyó que la paleontología,
ciencia que estudia los seres vivos que habitaron nuestro planeta en eras
pasadas, ofrecía los elementos necesarios para vincular el estudio del pasado
con los acantilados de la Costa Verde al enfatizar las épocas extintas en su
composición morfológica.
La
siguiente etapa de la investigación se centró en conocer la situación de la
paleontología en el país. Se descubrió que el Perú posee una de las mayores
diversidades de fósiles en América en tanto es posible encontrar una amplia
variedad de especies extintas desde Piura hasta Puno.
A
partir de esto, se decidió proponer la creación de un museo que pueda acoger las
piezas más valiosas en un espacio que permita comprender en perspectiva
histórica la evolución de las especies extintas, con la verticalidad de los
acantilados de la Costa Verde como herramienta de medición temporal.
Lugar
La
elección del lugar se realiza a partir una serie de premisas. La más importante
es ubicar el museo en una de las bajadas de la Costa verde sin irrumpir en el
acantilado pues ello significaría no solo la transformación del lugar sino
también un atentado para la composición de los farallones que han sido labrados
por la naturaleza durante miles de años. No obstante, todas las bajadas han
sido transformadas durante la implementación de la pista de la Costa Verde, por
lo que resultan lugares ideales para intervenir ya que no se atenta contra una
morfología natural sino contra andenes construidos en la década de 1960. Por
otra parte, la presencia de la pista en la Costa Verde facilita la
accesibilidad al lugar sin tener que afectar las calles de las zonas
residenciales, la misma bajada funcionaría eficientemente como llegada al museo,
pues al tener una sección importante, no resultaría un problema el manejo de flujos.
Finalmente, la ubicación del museo generaría un recorrido prolongado desde la
ciudad que disociaría el local de la trama urbana, con lo cual aquel sería percibido
como un lugar y no como un edificio más.
Se
concluyó que la Quebrada de Armendáriz es el lugar ideal para la ubicación del
museo. Así pues, las principales características de la Bajada de Armendáriz son
su excelente accesibilidad, tiene nodos y paraderos importantes a poca
distancia, la ausencia de programas consolidados en ella como el resto de las
bajadas, lo cual genera desde el inicio de su descenso un aislamiento de la
ciudad más prolongado, y una topografía amigable puesto que posee laderas menos
verticales y superficie suficiente para acoger un edificio.
Estrategia
Una
vez establecidos estos parámetros se propone un método constructivo que vaya acorde
con las particularidades del terreno y que, a su vez, posibilite descender en él
generando cavidades en las cuales se puedan exponer las piezas. Con ello se produciría
un contexto en el cual las piezas estarían expuestas en espacios acordes con su
tiempo. Así mismo se toma en cuenta que si bien el acantilado posee buena
resistencia a cargas portantes, éste igualmente ejercerá cargas laterales sobre
el edificio. De la misma manera, se considera que la composición del acantilado
hace que el desprendimiento de tierra y piedras sea frecuente, sobre todo en
casos de sismos o vibraciones. Para ello se plantean el uso de unidades
cilíndricas que permitan absorber los esfuerzos laterales de compresión,
generando en determinada posición espacios de recorrido entre ellos. A su vez, al
ser elementos verticales, éstas permiten trazar diversas profundidades de
acuerdo a lo que se expondrá en su interior generando niveles de aislamiento y
escalas que permitan diferenciar períodos geológicos. Cada cilindro acoge un
ecosistema extinto y, en su interior, una circulación vertical que lleva de la
parte más profunda a la más superior o viceversa.
Diseño
Con
los elementos del edificio definidos, se inició el diseño de este. Para ello se
decidió ubicar los cilindros de manera tal que narren la relación de
ecosistemas y antigüedad en que se encuentran unas piezas respecto a otras. Para
poder generar un recorrido entre los cilindros se propone alterar la sección de
algunos, convirtiéndolos en cóncavos y convexos, con lo cual se podría generar
pases entre ellos y así acceder a espacios de transición entre las salas. A
ellos se suman cilindros patio como lugares de descanso y exposición al aire
libre dentro del recorrido.
Una
vez establecidos los cilindros en el terreno, se tiene una contención de la
parte alta de la ladera. A partir de
ello se plantea ubicar en la parte baja un bloque de servicios que aloje el
hall de ingreso, un área de exhibición temporal para exposiciones itinerantes,
servicios para los visitantes, laboratorios, depósitos para la colección y una
zona de abastecimiento que se comunique con la vía de la quebrada. Con ello se
propone una dualidad entre el bloque de salas que funciona como contención y el
bloque de servicios, que al no tener que soportar esfuerzos laterales, se compone
con áreas ortogonales que permiten una mejor funcionalidad para acoger espacios
servidores.
Edificio
Todos
los caminos de la Quebrada de Armendáriz llevan a uno solo que desemboca en un
corredor, compuesto por un muro y un tajo abierto, que a su vez conducen a una
plaza ubicada encima del bloque de servicios del edificio. Esta plaza posee una
serie de tubos enterrados que permiten al usuario ver hacia abajo las piezas alojadas
en la sala de exposiciones temporales, lo cual funciona también como un atrio y
conforma un espacio público para el lugar. Para acceder al museo se puede descender por medio de
escaleras o un elevador que va mostrando los estratos durante el recorrido con
la finalidad de familiarizar al visitante con lo que va a encontrar en el museo.
Desde
el hall se accede al corredor de distribución, en el cual se elige que sala
visitar para empezar el ascenso y descenso por los cilindros. Si bien los
patios son lugares de descanso y exposición de piezas al aire libre, su función
principal es acoger a los grupos guiados antes de ingresar a la siguiente sala
y, de esta forma, mantener un orden entre los diversos grupos de visitantes. Las
piezas expuestas se ubican en los muros de cada cilindro de manera cronológica, mientras que la
infografía se ubica en una barra que se encuentra a lo largo de toda la espiral
y que funciona a su vez como una gran línea de tiempo recorrible.
Reúso
Ricardo
Bofill demostró la versatilidad de los cilindros hace más de 30 años, cuando en
Barcelona reutilizó unos silos que almacenaban cemento para ubicar sus oficinas
en ellos. Con esto se demuestra que es completamente factible hacerlo. Lo que
el edificio plantea es generar algo inverso, el cilindro que funciona como
edificio tal vez pueda funcionar como un silo en un futuro lejano. Las
posibilidades son muchas como la de, por ejemplo, ser utilizados como tanques
de agua de una planta desalinizadora cuando dentro de 200 años el planeta se
quede sin agua dulce, sin que esto tenga que afectar una transformación
importante de la volumetría y el paisaje de la Costa Verde.
Publicado por
El CreArturo
en
miércoles, 10 de septiembre de 2014
en
22:56
Fenomenología del tránsito vehicular_ Frederick Cooper
Etiquetas: Frederick Cooper, lima
La República
Sabado, 11 de febrero de 2012 | 5:00 am
No cabe duda de que uno de los problemas centrales de Lima –como el de muchas otras metrópolis contemporáneas– es el del tránsito vehicular. La cuestión central radica, fundamentalmente, en la insurgencia del rol que ha ido adquiriendo el automóvil de uso privado en desmedro del ciudadano, respecto al manejo de la infraestructura de la actividad urbana. Esta transferencia –que se ha producido en un breve tiempo– ha ido implantándose por lo general sobre vías públicas acuñadas muchísimo antes de que el automóvil irrumpiera en la escena urbana. La curva ascendente de su crecimiento pudo por lo tanto absorber al principio confortablemente su lenta intrusión en infraestructuras de calles y plazas concebidas originalmente para el peatón, o su envergadura funcional y pública.
Al irse acentuando muy marcadamente las últimas décadas su incorporación a unas redes viales concebidas para el ser humano (o para carruajes y recuas de uso esporádico), se ha ido atrofiando un aspecto básico de la vida urbana: dotar a los habitantes de una ciudad con vías mediante las cuales pueda desplazarse eficientemente. Subrepticiamente el auto privado se ha ido entrometiendo en una estructura que tiene su origen en los balbuceos de la humanidad, al introducirse abusivamente en un organismo que ha evolucionado hasta nuestro tiempo como la entidad que ha propiciado el advenimiento de aquel intercambio a través del cual fue civilizándose, un largo proceso que nos ha legado la espléndida herencia de hermosas ciudades que aún celebramos como paradigmas de un modo de vida fecundo y equilibrado.
La incursión del auto ha distorsionado las premisas básicas de aquella armonía. De un lado, porque al irrumpir progresiva y crecientemente en la vialidad de una plantilla –como es la ciudad– concebida para un usuario pausado y gregario, como el peatón, por lo general ha esclerosado sus flujos vitales, trabando así el funcionamiento de un organismo sin cuya empatía la vida social resulta atrofiada o inoperante.
La cuestión del tránsito debe por lo tanto encararse situando al vehículo de uso privado y motorizado como un recurso que ha suplantado la finalidad humana y social implícita en la concepción misma de la vida urbana. En cambio, en la actualidad el manejo urbano le ha conferido un rol prioritario, al circunscribir sus motivaciones a brindarle cauces siempre más holgados, intercambios fluidos o una amplitud que ha debilitado insensatamente el sentido nuclear que el centro o barrio deben aportar para el equilibrio psíquico y social de sus vecindarios.
No cabe, por cierto, la erradicación del auto privado sin antes dotar al orden urbano con modalidades de transporte público que suplanten eficientemente a su hegemonía como único medio para desplazarse dentro de una urbe. Tampoco es viable afrontar su predominancia sin implementar medios disuasivos que atenúen muy drásticamente su uso irrestricto, un vicio que excede por cierto su rol funcional, y que se ha extendido por ser igualmente una expresión de rango social, o un paliativo para la ansiedad afectiva o psíquica de los ciudadanos.
No hay, pues, atenuante a la destrucción del sentido urbano que ha acarreado la intromisión del auto privado, que no pase por recuperar para el individuo su rol protagónico en la vida urbana, dotando a su ser social con la infraestructura de un transporte público que no sólo aplaque al uso irrestricto, sino restituya el sentido gregario que es consustancial a la vida urbana.
Se trata, evidentemente, de una premisa que sitúa al tránsito como un problema que emana de una distorsión que debe afrontarse ante todo conceptualmente. En otras palabras, seguir entendiendo un aspecto básico del orden urbano –como es el desplazamiento de sus habitantes– como un asunto que atañe fundamentalmente a hacer más fluido el tránsito de autos privados (haciendo autovías, creando intercambios o regimentando sus desplazamientos) en vez de dotarlo de infraestructuras más ágiles y más confortables seguirá agravando la saturación de nuestras ciudades por parte de un ingrediente que ha pervertido al orden urbano.
La fragmentación urbana _ por Frederick Cooper
Etiquetas: Frederick Cooper, lima
Extraido de La República
Sabado, 18 de febrero de 2012 | 5:00 am
El manejo noticioso de la información periodística suele deconstruir cuestiones de interés público a efectos de reducirla a segmentos que atraigan a las clientelas esquivas de la producción mediática. Un tema en que este manejo se aprecia notoriamente es aquel de la ciudad, una entidad muy compleja que la información aborda siempre fragmentariamente, de suerte que el espectro tan amplio como entramado de la envergadura urbana deja de ser percibido como una realidad orgánica imposible de entender –y menos administrar– sin abarcar al conjunto de la amplitud y la entraña de sus funciones vitales.
Lima constituye un caso extremo de esa disociación, al constituir una urbe que es tratada por los medios según la notoriedad de aquellas incidencias –aleatorias o políticas– que provean a la prensa o a la TV con material cautivante, asuntos que al ser tratados fuera del contexto orgánico que compete a una ciudad, inducen a suponer que su manejo urbanístico puede también fragmentarse, dando a entender que es posible resolver eficazmente aspectos fundamentales de la infraestructura urbana tratándolos puntualmente, vale decir atendiéndolos de manera inorgánica.
Esta costumbre mediática impone a los municipios un comportamiento errático o igualmente fragmentado, dejando así de exigirles partir de planes orgánicos, que claramente den cuenta de que la gestión urbana debe ser siempre integral, puesto que una ciudad constituye un organismo que exige ser conducido en forma sincronizada para servir cabalmente a sus sumisos usuarios.
La identidad gregaria propia de toda ciudad no sólo es imprescindible para urdir eficazmente los servicios que requieren sus poblaciones dinámicas. Es también una premisa para forjar un consenso sin el cual una ciudad aliena a sus habitantes, al dejar de proveerles un soporte emocional que les permita entender a todo el contexto urbano como un conglomerado que lo nutre humanamente, una matriz sustancial que le permita ubicarse física y psíquicamente, instituyéndose así como el ámbito espacial que equilibra su existencia. La falta de un sentido visionario y concurrente de la realidad urbana propicia descomponer la sintonía social, sin la cual una ciudad se torna agreste y ajena.
Es claramente el caso de Lima, una ciudad que congrega a ciudadanos formales, y a otros informales que subsisten disociados de su manejo urbanístico, como son todos aquellos que mayoritariamente habitan en sus barrios marginales, dentro de unas periferias que poco tienen que ver con los anuncios erráticos de grandes inversiones públicas (víctimas de una expansión desbocada que nunca recabó por parte de la acción estatal el diagnóstico complejo ni menos el liderazgo que hubiera permitido acoger la inmigración proveniente de la Sierra con una estrategia urbana que fuera incorporándola a una ciudad en expansión, debidamente asumida por una noción social lúcida e incluyente). Fruto de esa ineptitud es la extrema raleza de la densidad de Lima, un anemia suburbana que impone a la población la extensión patológica de sus redes de servicios, una amplitud insensata que insume unas madejas de calles y tuberías que no sólo acarrean un enorme desperdicio de tiempo, agua y combustible, sino que hacen imposible dotar de seguridad a sus distantes viviendas.
Esta crasa injusticia segrega naturalmente a la población más pobre, aquella a la que se impone vivir en los extramuros, una discriminación que se lee claramente en el magro suministro de servicios esenciales que un miserable habitante recibe de ayuntamientos ajenos a un planeamiento integral e inclusivo de los recursos urbanos. Basta echar un vistazo a un paraje agreste de algunos de esos suburbios para apreciar claramente que la construcción de puentes, malecones o viaductos constituyen obras públicas que poco tienen que ver con el bienestar exiguo que tendría que fluir hacia la ciudadanía apostada en las distantes laderas de los cerros aledaños, de conducirse la urbe como una ciudad continua, regida integralmente en base a un plan congruente, y no improvisadamente, realizando obras públicas inconexas y fortuitas de escasa trascendencia para la salud efectiva de su humilde mayoría.
Sabado, 18 de febrero de 2012 | 5:00 am
El manejo noticioso de la información periodística suele deconstruir cuestiones de interés público a efectos de reducirla a segmentos que atraigan a las clientelas esquivas de la producción mediática. Un tema en que este manejo se aprecia notoriamente es aquel de la ciudad, una entidad muy compleja que la información aborda siempre fragmentariamente, de suerte que el espectro tan amplio como entramado de la envergadura urbana deja de ser percibido como una realidad orgánica imposible de entender –y menos administrar– sin abarcar al conjunto de la amplitud y la entraña de sus funciones vitales.
Lima constituye un caso extremo de esa disociación, al constituir una urbe que es tratada por los medios según la notoriedad de aquellas incidencias –aleatorias o políticas– que provean a la prensa o a la TV con material cautivante, asuntos que al ser tratados fuera del contexto orgánico que compete a una ciudad, inducen a suponer que su manejo urbanístico puede también fragmentarse, dando a entender que es posible resolver eficazmente aspectos fundamentales de la infraestructura urbana tratándolos puntualmente, vale decir atendiéndolos de manera inorgánica.
Esta costumbre mediática impone a los municipios un comportamiento errático o igualmente fragmentado, dejando así de exigirles partir de planes orgánicos, que claramente den cuenta de que la gestión urbana debe ser siempre integral, puesto que una ciudad constituye un organismo que exige ser conducido en forma sincronizada para servir cabalmente a sus sumisos usuarios.
La identidad gregaria propia de toda ciudad no sólo es imprescindible para urdir eficazmente los servicios que requieren sus poblaciones dinámicas. Es también una premisa para forjar un consenso sin el cual una ciudad aliena a sus habitantes, al dejar de proveerles un soporte emocional que les permita entender a todo el contexto urbano como un conglomerado que lo nutre humanamente, una matriz sustancial que le permita ubicarse física y psíquicamente, instituyéndose así como el ámbito espacial que equilibra su existencia. La falta de un sentido visionario y concurrente de la realidad urbana propicia descomponer la sintonía social, sin la cual una ciudad se torna agreste y ajena.
Es claramente el caso de Lima, una ciudad que congrega a ciudadanos formales, y a otros informales que subsisten disociados de su manejo urbanístico, como son todos aquellos que mayoritariamente habitan en sus barrios marginales, dentro de unas periferias que poco tienen que ver con los anuncios erráticos de grandes inversiones públicas (víctimas de una expansión desbocada que nunca recabó por parte de la acción estatal el diagnóstico complejo ni menos el liderazgo que hubiera permitido acoger la inmigración proveniente de la Sierra con una estrategia urbana que fuera incorporándola a una ciudad en expansión, debidamente asumida por una noción social lúcida e incluyente). Fruto de esa ineptitud es la extrema raleza de la densidad de Lima, un anemia suburbana que impone a la población la extensión patológica de sus redes de servicios, una amplitud insensata que insume unas madejas de calles y tuberías que no sólo acarrean un enorme desperdicio de tiempo, agua y combustible, sino que hacen imposible dotar de seguridad a sus distantes viviendas.
Esta crasa injusticia segrega naturalmente a la población más pobre, aquella a la que se impone vivir en los extramuros, una discriminación que se lee claramente en el magro suministro de servicios esenciales que un miserable habitante recibe de ayuntamientos ajenos a un planeamiento integral e inclusivo de los recursos urbanos. Basta echar un vistazo a un paraje agreste de algunos de esos suburbios para apreciar claramente que la construcción de puentes, malecones o viaductos constituyen obras públicas que poco tienen que ver con el bienestar exiguo que tendría que fluir hacia la ciudadanía apostada en las distantes laderas de los cerros aledaños, de conducirse la urbe como una ciudad continua, regida integralmente en base a un plan congruente, y no improvisadamente, realizando obras públicas inconexas y fortuitas de escasa trascendencia para la salud efectiva de su humilde mayoría.
Centro Abierto - Intervenciones en el centro de Lima
Etiquetas: centro abierto, espacio público, lima, plaza san martín
Me encontraba ayer caminando por el centro de Lima. De pronto al llegar a la Plaza San Martín pude observar las intervenciones que se habían hecho con motivo de Centro Abierto. Intervenciones en el Centro Histórico de Lima.
Las intervenciones están bastante bien fundamentadas y explicadas en la pagina web www.centroabierto.org/
Vayan a dar una vuelta y conozcan su ciudad!
Saludos
Vayan a dar una vuelta y conozcan su ciudad!
Saludos
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