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El Pritzker más político de la historia
Etiquetas: pritzker, Wang Shu
Extraido de http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/27/actualidad/1330374250_504997.html
Por Anatxu Zabalbeascoa Madrid 28 FEB 2012
Imagen del pabellón Tengtou Pavilion en Shanghái.
El chino Wang Shu, defensor del cuidado con la tradición frente a la rápida destrucción y el imparable crecimiento de las ciudades de su país se hace con el galardón
Entre 1990 y 2000 Wang Shu (1964) no tenía trabajo. No quería entrar en el mundo académico ni dedicarse a la política y decidió probar suerte en “el peldaño más bajo de la sociedad”, explicó el arquitecto hace dos años en la última Bienal de Venecia. Ese peldaño era la construcción, con horario de 8 a 24h. Shu comprendió que tradición es continuidad y encontró tiempo para estudiar las tradiciones artísticas y filosóficas de otras culturas. Una década después ha conseguido el Premio Pritzker. Y ahora son sus cuatro colaboradores quienes se llevan a casa deberes para aprender de tradiciones que les ayudan a tomar decisiones como reponer los materiales de un edificio cada veinte años o no construir cimentaciones con hormigón para no herir el territorio.
Más allá de reconocer la mejor arquitectura del pasado, o del momento, el Pritzker ha decidido indicar cuáles deben ser las vías de futuro, y el premio para un arquitecto conocido por denunciar la destrucción del patrimonio arquitectónico chino en medio de la desaforada carrera de su país hacia un supuesto progreso es ciertamente un golpe sobre la mesa. Este año ya estaba anunciado que el galardón se entregaría en Pekín. Y un jurado de proyectistas periféricos, (Aravena, Pallasmaa, Murcutt no sólo por sus procedencias, también por su manera social y cultural de juzgar la arquitectura), optó por hacer política lanzando al estrellato a un profesional que llevó a la Bienal de Venecia sendas protestas por la destrucción del patrimonio de su país y a favor de la arquitectura “poco profesional” realizada por la gente y fruto de una colaboración. “No todo el futuro es High Tech. La tradición se puede realizar con técnicas modernas”, declaró entonces. Y más allá de hacerlo alto y claro con su trabajo, no ha cesado de lanzar mensajes: “No basta con hacer cosas populares.
Fundación Hyatt del campus Xiangshan de la Academia de Arte de China en la ciudad de Hangzhou.
China puede mostrar el camino de la responsabilidad al mundo” es uno de ellos. Mientras su país se decide, está claro que él sí trata de mostrarlo. También a China. Su Museo Histórico de Ningbo –que él define como una montaña- es, en realidad un monolito levantado con restos de piedras provenientes de edificios de esa ciudad que habían sido demolidos. En ese inmueble, el arquitecto puso a prueba sus ideas en defensa de la colaboración y aceptó que los obreros decidieran la organización final de las piedras de la misma forma aleatoria que los habitantes de la zona suelen recomponer los ladrillos de sus viviendas tras uno de los frecuentes tifones.
Wang Shu formó en 1998, junto a su mujer la arquitecta Lu Wenyu, el estudio Amateur Architecture que, ya desde el propio nombre, defiende un regreso hacia la no profesionalización de la disciplina asegurando que la participación de los futuros usuarios asegurará el mantenimiento del edificio y la posibilidad de que todo el planeta conozca una arquitectura más humana. Es una pena que el valiente jurado del Pritzker haya tenido en esta ocasión tanta visión y a la vez tan poca como para no premiar también a la socia y esposa de Shu, como sí hizo hace dos años con ocasión del premio a Kazuyo Sejima que la japonesa compartió con su socio Ryue Nishizawa.
Con Lu Wenyu convertida en la nueva Denise Scott Brown -a la que el Pritzker no reconoció al premiar a su socio y marido Robert Venturi- el galadón envía dos mensajes. Por un lado premia a un arquitecto que ha denunciado que la profesión es cómplice de la destrucción y exige una vía sostenible con la cultura y los lugares. Por otro, pierde la oportunidad de, precisamente en un país como China, demostrar que el trabajo de las mujeres y los hombres debe reconocerse por igual. Los cuatro empleados del matrimonio se han cansado de escuchar de sus jefes frases como: “La humanidad es más importante que la arquitectura” o “un edificio que no comprende a la personas es insignificante”. Wan Shu, que se formó en China y, desde su estudio en Hangzhou, a 170 Kilómetros de Shanghai, solo ha construido en ese país, anima, también desde su web, a construir con “naturalidad, espontaneidad, temporalidad y si hace falta de manera ilegal”.
Por Anatxu Zabalbeascoa Madrid 28 FEB 2012
Imagen del pabellón Tengtou Pavilion en Shanghái.
El chino Wang Shu, defensor del cuidado con la tradición frente a la rápida destrucción y el imparable crecimiento de las ciudades de su país se hace con el galardón
Entre 1990 y 2000 Wang Shu (1964) no tenía trabajo. No quería entrar en el mundo académico ni dedicarse a la política y decidió probar suerte en “el peldaño más bajo de la sociedad”, explicó el arquitecto hace dos años en la última Bienal de Venecia. Ese peldaño era la construcción, con horario de 8 a 24h. Shu comprendió que tradición es continuidad y encontró tiempo para estudiar las tradiciones artísticas y filosóficas de otras culturas. Una década después ha conseguido el Premio Pritzker. Y ahora son sus cuatro colaboradores quienes se llevan a casa deberes para aprender de tradiciones que les ayudan a tomar decisiones como reponer los materiales de un edificio cada veinte años o no construir cimentaciones con hormigón para no herir el territorio.
Más allá de reconocer la mejor arquitectura del pasado, o del momento, el Pritzker ha decidido indicar cuáles deben ser las vías de futuro, y el premio para un arquitecto conocido por denunciar la destrucción del patrimonio arquitectónico chino en medio de la desaforada carrera de su país hacia un supuesto progreso es ciertamente un golpe sobre la mesa. Este año ya estaba anunciado que el galardón se entregaría en Pekín. Y un jurado de proyectistas periféricos, (Aravena, Pallasmaa, Murcutt no sólo por sus procedencias, también por su manera social y cultural de juzgar la arquitectura), optó por hacer política lanzando al estrellato a un profesional que llevó a la Bienal de Venecia sendas protestas por la destrucción del patrimonio de su país y a favor de la arquitectura “poco profesional” realizada por la gente y fruto de una colaboración. “No todo el futuro es High Tech. La tradición se puede realizar con técnicas modernas”, declaró entonces. Y más allá de hacerlo alto y claro con su trabajo, no ha cesado de lanzar mensajes: “No basta con hacer cosas populares.
Fundación Hyatt del campus Xiangshan de la Academia de Arte de China en la ciudad de Hangzhou.
China puede mostrar el camino de la responsabilidad al mundo” es uno de ellos. Mientras su país se decide, está claro que él sí trata de mostrarlo. También a China. Su Museo Histórico de Ningbo –que él define como una montaña- es, en realidad un monolito levantado con restos de piedras provenientes de edificios de esa ciudad que habían sido demolidos. En ese inmueble, el arquitecto puso a prueba sus ideas en defensa de la colaboración y aceptó que los obreros decidieran la organización final de las piedras de la misma forma aleatoria que los habitantes de la zona suelen recomponer los ladrillos de sus viviendas tras uno de los frecuentes tifones.
Wang Shu formó en 1998, junto a su mujer la arquitecta Lu Wenyu, el estudio Amateur Architecture que, ya desde el propio nombre, defiende un regreso hacia la no profesionalización de la disciplina asegurando que la participación de los futuros usuarios asegurará el mantenimiento del edificio y la posibilidad de que todo el planeta conozca una arquitectura más humana. Es una pena que el valiente jurado del Pritzker haya tenido en esta ocasión tanta visión y a la vez tan poca como para no premiar también a la socia y esposa de Shu, como sí hizo hace dos años con ocasión del premio a Kazuyo Sejima que la japonesa compartió con su socio Ryue Nishizawa.
Con Lu Wenyu convertida en la nueva Denise Scott Brown -a la que el Pritzker no reconoció al premiar a su socio y marido Robert Venturi- el galadón envía dos mensajes. Por un lado premia a un arquitecto que ha denunciado que la profesión es cómplice de la destrucción y exige una vía sostenible con la cultura y los lugares. Por otro, pierde la oportunidad de, precisamente en un país como China, demostrar que el trabajo de las mujeres y los hombres debe reconocerse por igual. Los cuatro empleados del matrimonio se han cansado de escuchar de sus jefes frases como: “La humanidad es más importante que la arquitectura” o “un edificio que no comprende a la personas es insignificante”. Wan Shu, que se formó en China y, desde su estudio en Hangzhou, a 170 Kilómetros de Shanghai, solo ha construido en ese país, anima, también desde su web, a construir con “naturalidad, espontaneidad, temporalidad y si hace falta de manera ilegal”.
El chino Wang Shu gana el premio Pritzker de Arquitectura 2012
Etiquetas: pritzker, Wang Shu
Extraido de http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/27/actualidad/1330358438_588016.html
El arquitecto solo ha trabajado en China
Fue el responsable del pabellón del país asiático en la Bienal de Venecia de 2006
Dirige con su mujer el Estudio de Arquitectura Amateur en el interior del país
El arquitecto chino Wang Shu, de 48 años, ha sido galardonado hoy con el premio Pritzker, considerado el Nobel de la Arquitectura, por una obra artesanal, respetuosa con el medio ambiente y de gran profundidad filosófica, en la que conviven de forma armoniosa tradición y modernidad.
Wang, nacido el 4 de noviembre de 1963 en Urumqi, en la remota región uigur de Xinjiang, sólo ha trabajado dentro de China y ha desarrollado la mayor parte de su obra en Hangzhou, a 170 kilómetros al suroeste de Shangai, donde dirige desde 1997 junto a su esposa, Lu Wenyu, el Estudio de Arquitectura Amateur. El arquitecto fue el responsable del pabellón que representó a China en la Bienal de Venecia de 2006, la primera visita del país asiático a esta cita cultural. También ha expuesto su obra en el Centro Pompidou.
"El hecho de que se haya elegido a un arquitecto chino supone un importante paso en el reconocimiento del papel que va a jugar China en el desarrollo de los ideales arquitectónicos. Además, el éxito del urbanismo chino en las próximas décadas será importante, no ya para China, sino para el mundo entero", ha señalado Pritzker. "Este urbanismo, como el del resto del mundo, requiere estar en armonía con la cultura y las necesidades locales" y, en el caso de China, debe compatibilizar "sus tradiciones y su pasado con las exigencias de un desarrollo sostenible", ha añadido el promotor del galardón.
La Ceramic house, en el parque Jinhua de China, obra de Wang Shu.
Tres de las obras principales de Wang Shu son la Biblioteca del Colegio Wenzheng en la Universidad de Suzhou, el Museo de Historia de la ciudad portuaria de Ningbo y el Campus Xiangshan de Bellas Artes de Hangzhou, así como el pabellón de Tengtou-Ningbo en la Exposición Universal de Shangai.
"Ha sido una enorme sorpresa. Me siento tremendamente honrado de recibir el Premio Pritzker. Me ha hecho darme cuenta de la cantidad de cosas que he hecho en la última década. Y es una prueba de que el trabajo duro y la perseverancia conducen a resultados positivos", ha comunicado Wang a los organizadores.
Prueba de su amor por el medio ambiente y la economía de materiales es su decisión de aprovechar dos millones de tejas procedentes de demoliciones de casas tradicionales para cubrir el techo de varios edificios del campus de Hangzhou.
Defensor de los materiales artesanales y tradicionales, Wang ha crecido en una ciudad que ha visto destruir el 90% de su arquitectura tradicional en sólo 30 años con el rápido desarrollo económico, como recordaba hace un mes en París, en Le Courrier de l'Architecte. Wang, que encuentra su mayor placer trabajando como un artesano o un amateur -de ahí el nombre de su estudio-, es partidario de la slow-build (la construcción lenta), según esta publicación.
"Hace cien años, el ritmo de vida chino era más lento que en la cultura occidental. En cien años, nos hemos convertido en los más rápidos. No tenemos tiempo para reflexionar", se lamentaba en una conferencia en la Escuela de Chaillot el 31 de enero pasado.
Wang Shu es el segundo chino en obtener el Pritzker, tras I.M. Pei en 1983. Estadounidense pero de origen chino, Pei se formó en Harvard y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y es autor de obras como la pirámide del Louvre y la Biblioteca y Museo Presidencial John F. Kennedy.
Por primera vez en China
El premio consiste en 100.000 dólares (unos 74.600 euros) y una medalla de bronce con una inscripción latina en su reverso: Firmitas, Utilitas, Venustas (Firmeza, Utilidad y Belleza), el lema de Vitruvio, considerado uno de los "padres" de la Arquitectura.
El galardón se entrega cada año en distintas ciudades y en esta ocasión, y por primera vez en su historia, la ceremonia se trasladará el 25 de mayo a Pekín.
En ocasiones anteriores el premio lo han ganado arquitectos como el francés Jean Nouvel, los británicos Norman Foster y Richard Rogers, el español Rafael Moneo, el italiano Renzo Piano, el mexicano Luis Barragán, los estadounidenses Frank Gehry y Richard Meier, los brasileños Óscar Niemeyer y Paulo Mendes de Rocha y los portugueses Álvaro Siza y Eduardo Souto de Moura, galardonado el año pasado.
El presidente de la Fundación Hyatt, promotora de este premio a lo largo de 34 ediciones, Thomas J. Pritzker, ha comunicado el fallo del jurado, presidido por Lord Palumbo y del que forman parte el chileno Alejandro Aravena y la británico-iraquí Zaha Hadid, entre otros.
Ningbo Historic Museum- Wang Shu, Amateur Architecture Studio.
El arquitecto solo ha trabajado en China
Fue el responsable del pabellón del país asiático en la Bienal de Venecia de 2006
Dirige con su mujer el Estudio de Arquitectura Amateur en el interior del país
El arquitecto chino Wang Shu, de 48 años, ha sido galardonado hoy con el premio Pritzker, considerado el Nobel de la Arquitectura, por una obra artesanal, respetuosa con el medio ambiente y de gran profundidad filosófica, en la que conviven de forma armoniosa tradición y modernidad.
Wang, nacido el 4 de noviembre de 1963 en Urumqi, en la remota región uigur de Xinjiang, sólo ha trabajado dentro de China y ha desarrollado la mayor parte de su obra en Hangzhou, a 170 kilómetros al suroeste de Shangai, donde dirige desde 1997 junto a su esposa, Lu Wenyu, el Estudio de Arquitectura Amateur. El arquitecto fue el responsable del pabellón que representó a China en la Bienal de Venecia de 2006, la primera visita del país asiático a esta cita cultural. También ha expuesto su obra en el Centro Pompidou.
"El hecho de que se haya elegido a un arquitecto chino supone un importante paso en el reconocimiento del papel que va a jugar China en el desarrollo de los ideales arquitectónicos. Además, el éxito del urbanismo chino en las próximas décadas será importante, no ya para China, sino para el mundo entero", ha señalado Pritzker. "Este urbanismo, como el del resto del mundo, requiere estar en armonía con la cultura y las necesidades locales" y, en el caso de China, debe compatibilizar "sus tradiciones y su pasado con las exigencias de un desarrollo sostenible", ha añadido el promotor del galardón.
La Ceramic house, en el parque Jinhua de China, obra de Wang Shu.
Tres de las obras principales de Wang Shu son la Biblioteca del Colegio Wenzheng en la Universidad de Suzhou, el Museo de Historia de la ciudad portuaria de Ningbo y el Campus Xiangshan de Bellas Artes de Hangzhou, así como el pabellón de Tengtou-Ningbo en la Exposición Universal de Shangai.
"Ha sido una enorme sorpresa. Me siento tremendamente honrado de recibir el Premio Pritzker. Me ha hecho darme cuenta de la cantidad de cosas que he hecho en la última década. Y es una prueba de que el trabajo duro y la perseverancia conducen a resultados positivos", ha comunicado Wang a los organizadores.
Prueba de su amor por el medio ambiente y la economía de materiales es su decisión de aprovechar dos millones de tejas procedentes de demoliciones de casas tradicionales para cubrir el techo de varios edificios del campus de Hangzhou.
Defensor de los materiales artesanales y tradicionales, Wang ha crecido en una ciudad que ha visto destruir el 90% de su arquitectura tradicional en sólo 30 años con el rápido desarrollo económico, como recordaba hace un mes en París, en Le Courrier de l'Architecte. Wang, que encuentra su mayor placer trabajando como un artesano o un amateur -de ahí el nombre de su estudio-, es partidario de la slow-build (la construcción lenta), según esta publicación.
"Hace cien años, el ritmo de vida chino era más lento que en la cultura occidental. En cien años, nos hemos convertido en los más rápidos. No tenemos tiempo para reflexionar", se lamentaba en una conferencia en la Escuela de Chaillot el 31 de enero pasado.
Wang Shu es el segundo chino en obtener el Pritzker, tras I.M. Pei en 1983. Estadounidense pero de origen chino, Pei se formó en Harvard y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y es autor de obras como la pirámide del Louvre y la Biblioteca y Museo Presidencial John F. Kennedy.
Por primera vez en China
El premio consiste en 100.000 dólares (unos 74.600 euros) y una medalla de bronce con una inscripción latina en su reverso: Firmitas, Utilitas, Venustas (Firmeza, Utilidad y Belleza), el lema de Vitruvio, considerado uno de los "padres" de la Arquitectura.
El galardón se entrega cada año en distintas ciudades y en esta ocasión, y por primera vez en su historia, la ceremonia se trasladará el 25 de mayo a Pekín.
En ocasiones anteriores el premio lo han ganado arquitectos como el francés Jean Nouvel, los británicos Norman Foster y Richard Rogers, el español Rafael Moneo, el italiano Renzo Piano, el mexicano Luis Barragán, los estadounidenses Frank Gehry y Richard Meier, los brasileños Óscar Niemeyer y Paulo Mendes de Rocha y los portugueses Álvaro Siza y Eduardo Souto de Moura, galardonado el año pasado.
El presidente de la Fundación Hyatt, promotora de este premio a lo largo de 34 ediciones, Thomas J. Pritzker, ha comunicado el fallo del jurado, presidido por Lord Palumbo y del que forman parte el chileno Alejandro Aravena y la británico-iraquí Zaha Hadid, entre otros.
Ningbo Historic Museum- Wang Shu, Amateur Architecture Studio.
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